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LOS ESTUDIANTES NO DEBEMOS PAGAR LO QUE NO NOS COMIMOS

Pasacalle elaborado por los estudiantes de la UT. Foto: AEP.

La Universidad del Tolima, centro histórico y determinante para la región por ser la única universidad pública, acaba de recibir un golpe muy bajo. El Consejo Superior, en la sesión del pasado 26 de febrero, aprobó el recorte presupuestal promovido en días anteriores por Oscar Barreto, actual gobernador del Tolima y presidente del máximo órgano de dirección de la UT. De esta manera, la universidad ya no podrá funcionar con aproximadamente 127.000 millones de pesos durante el 2016 (como lo contempla el Acuerdo 029 del 18 de diciembre de 2015 del Consejo Superior), sino con 19.800 millones menos, de los cuales $94.154.499.271 estarán destinados a los gastos de funcionamiento (nomina, principalmente).

Ante este panorama, la administración universitaria y algunos estamentos han estado maquinando algunas propuestas que permitan apretar el cinturón del Alma Mater. Lastimosamente, las medidas que tienen en mente, sobre todo las provenientes de la rectoría y de los decanos, atentan contra la academia y el estudiantado, por cuanto descargan en estos dos la crisis que desató el desgreño administrativo y la desfinanciación estatal operada desde el departamento con Ángel María Gómez y el Ministerio de Educación Nacional. Por esto, propuestas como las de cerrar el restaurante universitario y, a cambio, otorgar subsidios; clausurar las residencias estudiantiles y apoyar a sus beneficiarios con subsidios; y, acabar con los intercambios académicos y las pasantías internacionales, han sido solo algunas de las estrategias planteadas para sacar de la asfixia a la universidad.

En este sentido, no es indiscreto ni irracional que los estudiantes exijamos “no pagar lo que no nos comimos”, porque con la decisión reciente del Consejo Superior, el cual deja en manos del rector operar los ajustes que considere, es cada vez más probable que la academia y las políticas de bienestar y permanencia estudiantil van a afectarse en alguna medida. En oposición a esto, creemos coherente plantear que cualquier apretón debe erradicar el desgreño administrativo, el despilfarro, el clientelismo, el nepotismo y la prebenda, entendiendo que han sido unos de los detonantes de la crisis reciente de la universidad.

En estas condiciones, consideremos intocable el valioso restaurante que al día de hoy garantiza la alimentación a más de un millar de estudiantes que no puede hacerlo en los restaurantes cercanos a la universidad, porque sus bolsillos no aguantan tanto. Igualmente, creemos intocables las históricas residencias del “Che” que, aunque se encuentran en un abandono, siguen hospedando a un grupo importante de estudiantes que sus ingresos y apoyos no les permite vivir en un lugar diferente. Aspiramos, en una línea similar, que el funcionamiento de la biblioteca, las prácticas académicas, las dotaciones de los laboratorios, las monitorias y asistencias administrativas, así como las becas, no vayan a tocarse, porque constituyen –de una u otra manera– una forma de apoyar la permanencia del estudiantado más necesitado en la vida académica de la universidad.

A nuestro criterio, es indispensable –frente a un ajuste del cinturón inminente– una restructuración de los salarios de los altos funcionarios de la universidad. Desde el rector, pasando por los vicerrectores, hasta los decanos, deben “poner de su parte” y ajustarse los cinturones. Asimismo, creemos indispensable que la universidad repiense su estructura, es especial sus dependencias, porque en la actualidad existen varias que pueden agruparse y así minimizarle importantes ceros a la izquierda al presupuesto de funcionamiento de la UT. Sin algo así, tenemos la sospecha que los afectados serán la academia y nuestros bolsillos o los de nuestras familias.

UT: ENTRE RECORTES

El Consejo Superior de la Universidad del Tolima anunció un recorte de 19.000 millones de pesos del presupuesto de funcionamiento de 2016. Aunque Herman Muñoz señaló a Ecos del Combeima una reducción de la planta de personal y la suspensión del turismo docente, estas medidas no garantizarán un “ahorro” de 19.000 millones de pesos.


LA UNIVERSIDAD SITIADA

Como si fuera un cadáver a merced de los buitres, la Universidad del Tolima hoy se debate entre dos fuerzas que en nada les interesa la academia. Al respecto, un breve panorama de la universidad ad portas de iniciar semestre.

LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: ¿UN CALLEJÓN SIN SALIDA?


“La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo para contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros (…) Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones”.
Manifiesto de Córdoba del 21 de junio de 1918

La institución de educación superior pública más importante del Tolima está al borde del abismo. Del dinero faltante para culminar el 2015, el cual ascendía a unos 22.000 millones de pesos, el rector recaudó un porcentaje que le permitió atenuar los compromisos que tiene con el profesorado y los trabajadores; sin embargo, no logró saldar completamente el déficit que reconoció en noviembre del año pasado. Por esta razón, la Universidad del Tolima sigue en el limbo, ya que requiere de un monto todavía cercano a los 22.000 millones para ponerse al día en sus obligaciones y arrancar el 2016.

Esta situación, que ha despertado malestares e incertidumbres entre los estamentos universitarios, ha sido aprovechada por el gobernador electo y la camarilla que representa para lanzarse por la “reapropiación” de la universidad. A nombre de la lucha contra la corrupción, Oscar Barreto se ha ido lanza en ristre contra la administración de José Herman Muñoz, exigiéndole una modificación drástica del panorama de la universidad en aras de depurar las cuotas que desde hace un par de años el liberalismo y los oportunistas de izquierda pusieron en el Alma Mater tolimense; incluso, y en complicidad con algunos medios regionales, viene ambientando el desprestigio de Muñoz con el fin de presionar su renuncia, lo cual le facilitaría poner una ficha (tal vez un ex-asesor de Luis H.) que responda a los intereses que representa.

Empero, la jugada mediática también está en clave de llamar la atención del Ministerio de Educación Nacional. Como el actual rector de la UT está empeñado en no abandonar su cargo e intentar resolver el déficit por medio de un préstamo, la presión de los medios (no necesariamente de los amigos de Barreto) apunta a demostrar que la administración de la Universidad del Tolima ha sido negligente y merece de una atención más juiciosa del Estado, por lo cual es totalmente pertinente y necesaria una intervención; es decir, amerita la intromisión del ministerio en los organismos de dirección universitarios a su antojo y en desmedro de la participación política de sus estamentos. Al respecto, vale la pena revisar la Ley de Inspección y Vigilancia o también conocida como Ley San Martín, la cual faculta al ministerio para meterse en los asuntos de cada universidad.

En estas condiciones, la Universidad del Tolima está en un callejón sin salida: si se queda José Herman, es totalmente claro que la investigación, la academia y la permanencia estudiantil se verán altamente golpeadas, ya que sus medidas de ajuste para atenuar la crisis así lo demuestran; si Barreto “recupera” para el conservatismo y el uribismo la universidad, lo lógico es que se reparta una vez más la torta e irrumpa un nuevo carrusel de las OPS y los contratos (más clientelismo); y, si el ministerio le “mete mano” a la UT, vendrá un periodo de estreches financiera acompañado del reforzamiento de las estrategias de autofinanciación y de la adecuación misional de la universidad en función de la acumulación capitalista. En definitiva, todas las opciones que tiene el Alma Mater rompen con su autonomía y subordinan la naturaleza de la universidad al servicio de los intereses de grupos ajenos a la búsqueda del conocimiento.

¡Eso sí! Los universitarios no pueden quedarse quietos y mucho menos expectantes ante la situación de la UT y la disputa política que esta entraña. En particular, a los estudiantes del común les corresponde jugar un papel realmente protagónico en el momento actual, ya que son los que menos enredados están en las telarañas del clientelismo universitario y son los que necesitan de la universidad para realizarse como personas, actores políticos y profesionales. Por esto, su unidad es fundamental en la idea de desterrar el clientelismo de la universidad y blindarla de las amenazas que sobre ella se levantan, ojala enarbolando la lucha por una reforma académico-administrativa en el marco de la defensa de la autonomía universitaria.

Igualmente, el estudiantado en aras de jugar un papel relevante el momento actual, debe contemplar la necesidad de forjar la solidaridad de los movimientos sociales y de la gentes del común para con la defensa de la Universidad del Tolima, especialmente porque son ellos a quienes les corresponde ver y vivenciar los impactos de una universidad al servicio de la búsqueda del conocimiento.

INFOGRAFÍAS | EL ACCESO A LA TIERRA SEGÚN LOS ACUERDOS DE LA HABANA

En el acuerdo del 21 de junio de 2013, las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos acordaron una Política de Desarrollo Agrario Integral denominada “Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral (RRI)”. Como parte de este acuerdo figura un Fondo de Tierras, cuyo objetivo es proveer de tierra con vocación productiva a quienes no poseen o tienen poca.


EN PLENA CRISIS Y LE ACELERAN A LA REPRESIÓN


En medio de la peor crisis que ha podido atravesar la Universidad del Tolima, vio la luz pública un documento-“propuesta” de Régimen Disciplinario Estudiantil. En ocho páginas, el proyecto de acuerdo –el cual deberá pasar por el Consejo Superior– detalla un conjunto de faltas disciplinarias y las sanciones que merecen dichas faltas, así como el conducto regular que deberán transitar quienes incurran en estas.

Aunque la “propuesta” de Régimen Disciplinario Estudiantil marcha entre secretos, porque ningún directivo de la universidad ha salido a respaldarla o a cuestionarla, lo cierto es que augura un conjunto de medida represivas contrarias a los preceptos de la universidad moderna; además, se presenta como un importante mecanismo de contención de los malestares que ha despertado la actual crisis financiera de la UT. En definitiva, da la impresión que el régimen disciplinario está orientado a limitar el activismo estudiantil y legitimar una universidad al servicio del mercado y el orden existente.

Vale la pena señalar que esta “propuesta” actúa en contravía de los acuerdos firmados el pasado 11 de septiembre, después de la ocupación de la rectoría de la universidad. Se suponía que José Herman Muñoz se había comprometido a adelantar una discusión de cara a la comunidad universitaria sobre la reforma del estatuto estudiantil, el estatuto profesoral, el estatuto general y la política de psicotrópicos y psicoactivos (ver compromisos adquiridos por los candidatos). Lastimosamente, con su silencio cómplice para con este régimen disciplinario demuestra que no le interesa en nada cumplir su compromiso.

LICENCIATURAS EN JAQUE

Ana Katherine Moreno, estudiante de la UPN y activista de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU-Colombia). Foto: AEP.

El Ministerio de Educación Nacional (MEN), en su afán por “mejorar la calidad educativa”, ha desatado un importante debate sobre el futuro de las licenciatura en Colombia, promoviendo un proyecto de resolución que establecerá los criterios de calidad que deberán definir –de ahora en adelante– a los programas de formación de profesores. Con el fin de explorar las dimensiones y significaciones de esta apuesta, Andrés Barrero, estudiante de Ciencias Sociales de la Universidad del Tolima y activista estudiantil, conversó con Ana Katherine Moreno, una estudiante de la UPN y activista de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU-Colombia), sobre el proyecto de resolución gestionado por el MEN, así como de sus alcances e implicaciones para las licenciaturas.

CRISIS Y BENEVOLENCIA EN LA UT


La crisis de la Universidad de Toima ha tocado un nivel total de preocupación dentro de la comunidad. Hace pocos días, el recientemente reelegido rector José Herman Muñoz, emitió un comunicado especificando tres puntos álgidos para la situación de la universidad: el calendario académico, el recaudo de las matrículas y la relación de la UT con los profesores catedráticos. Aspectos que han producido angustia y asombro en el Alma Mater.

Para el punto de las matrículas, el señor rector hizo referencia a que el recaudo del costo de la matrícula del período académico 2016-A tendrá plazo hasta el día 30 de diciembre del año en curso, esto (según él) con el propósito que los estudiantes evitemos el aumento del costo de vida que se empieza aplicar desde el 1 de Enero de 2016 en todo el país. Sin embargo, ¿Esta será una verdadera razón de tal adelanto? ¿Estas son las condiciones “privilegiadas” que tenemos los estudiantes de la Universidad del Tolima? O, ¿Habrá otras intenciones detrás de esta idea?

Tras toda esta serie de hechos lo que resta preguntar es por qué si la administración de la universidad tiene un acto de benevolencia frente al recaudo de las matriculas no lo aplica en 2016. Sería un gran “privilegio”, que los estudiantes pudiéramos cancelar nuestras matrículas del semestre A en Enero del 2016 como se ha venido haciendo y que sea esta benevolente administración quien asuma el descuento del incremento del costo de vida. Eso sí sería generar condiciones para el estudiantado y la comunidad, por lo que se hace la invitación al señor rector de la Universidad del Tolima, al CSU y a la comunidad en general que a sentarnos concienzudamente y en conjunto buscarle a la crisis una solución óptima que nos beneficie a todos.