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» » LOS AÑOS NO HAN LLEGADO SOLOS

La universidad, en particular sus administraciones, le han dado largas a la solución de problemas que en su momento fueron coyunturales y hoy se convirtieron en crónicos. El afán por sacar provecho de la antigua hacienda Santa Helena, creyendo que el tiempo no había pasado, sobrepuso los intereses de unos grupos e individuos sobre la actividad académica, la investigación y la incidencia social. Por esta razón, la Universidad del Tolima asiste a al baile de mascaras más ingrato de su historia: es la cenicienta.


La conmemoración de los 60 años de funcionamiento de la Universidad del Tolima ha justificado un discurso al margen de lo que ocurre en sus intersticios. Los esfuerzos institucionales por dibujar una universidad blindada de cualquier enfermedad y a la orilla de cualquier padecimiento, han coloreado una institución encarrilada por las sendas de la obediencia y sin el menor conato de conflicto. Sin embargo, la realidad filtró sus muros y de vez en cuando inunda las líneas de una que otra web.

Mientras la premio Nobel de paz, Rigoberta Menchú, acariciaba con su presencia y palabra la Universidad del Tolima y propios y extraños quedaban deslumbrados por su destello, el universo social de la universidad incubaba una bomba. Las reflexiones acerca de la paz y sus posibilidades a la luz de los diálogos de La Habana, fueron ensombreciéndose con el pasar de los días: de la mano de la preocupación por las cátedras vacías en el programa de Ciencia Política, fueron creciendo las incertidumbres de años pasados asociadas con el funcionamiento del restaurante, el consumo de alucinógenos, la desfinanciación estatal, los recortes presupuestales, el robo de bicicletas, entre otras; es decir, fueron floreciendo una variedad de problemáticas que, con motivo a los 60º aniversario de la universidad, encuentran –a lo sumo– representaciones tendenciosas en los discursos institucionales.

Y es inadmisible que en la voz de la administración broten ideas contrarias al espíritu universitario con el fin de enfrentar los problemas que hoy vive. Aunque el uso reciente, reiterado y posiblemente injustificado de la fuerza dentro y fuera de la universidad ha encendido las alarmas, no fundamenta salidas desesperadas a problemas que se están tornando complejos en la institución: ni los colados del restaurante, ni los consumidores de alucinógenos, ni los pelaos de las chazas, ni los antiguos y nuevos problemas entre activistas estudiantiles merecen de un tratamiento punitivo; al contrario, requieren de salidas en sintonía con la naturaleza de una universidad moderna.

No basta con que a los 60 años de vida de la universidad, el discurso institucional le abra espacio a los problemas de la institución; es necesario que los medios a través de los cuales el discurso es producido y reproducido estén al servicio de la búsqueda de soluciones –en el marco de la autonomía universitaria– a los flagelos que hoy vivencia la Universidad del Tolima. Hoy la institución necesita del dialogo y la construcción de unas nuevas reglas de juego que aseguren la cordialidad entre sus actores, pero también garanticen el ejercicio permanente de la academia, la investigación y la incidencia social.

Nota: a quienes consideran que una de las soluciones a algunos de los problemas que hoy vive la universidad pasa por el robustecimiento de los sistemas de vigilancia y de la intervención de cuerpos policiales o la fiscalía en el campus de la UT, les recomiendo que no olviden que le fundamento de la universidad radica en la capacidad de no servirse de un tercero para pensar, actuar y –en este caso– resolver sus propios problemas por si misma. Este es el sumo de autonomía universitaria.

Escrito por @juangbermudes

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