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CARÁCTER Y ALCANCE DE LA FEU-COLOMBIA

Reflexiones de cara al VI Congreso de la federación


LO GREMIAL Y LO POLÍTICO EN LAS LUCHAS DEL ESTUDIANTADO COLOMBIANO

El estudiantado colombiano ha constituido un movimiento social de carácter reactivo con perspectiva política desde el momento en que se constituyó como actor social.

Sin menospreciar las reivindicaciones de su sector, el movimiento estudiantil ha lindado con unos compromisos políticos. A inicios del siglo XX, cuando en las universidades los estudiantes confrontaban la tradición y procuraban organizarse nacionalmente, las circunstancias los convocaron a reaccionar contra el gobierno. Con ocasión a la masacre de las bananeras, ellos fueron claves a la hora de denunciar el papel del gobierno del momento para con este acontecimiento. Años más tarde, en plena dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, también jugaron un papel relevante, porque pusieron al descubierto su complicidad con el recrudecimiento de la violencia política en campos y ciudades, mientras enfrentaban un conjunto de afrentas contra la autonomía universitaria. Incluso, en el 60 y el 70, el movimiento estudiantil desempeñó un papel destacable, en tanto desenmascaró la penetración norteamericana y su intensión por subordinar el sistema educativo colombiano a sus intereses, a través de los gobiernos de aquellas décadas. En definitiva, el estudiantado colombiano convertido en movimiento enfrentó directa o indirectamente a los gobiernos, bien sea por su sentido solidario o porque sus intereses se han visto afectados.

Esta tendencia no cambió durante los años siguientes. En medio de sus luchas gremiales, los estudiantes incorporaron a su práctica un conjunto de apuestas políticas. En el 80, enfrentaron la persecución estatal y para-oficial nutriendo la resistencia popular, mientras se opusieron a la ley Galán y al esquema de financiación de la educación impuesto desde el gobierno de turno. Años después, actuaron de manera similar: en las universidades enarbolaron unas reivindicaciones propias y en las calles denunciaron la persecución impuesta con el estatuto de seguridad y el asesinato de los líderes y militantes de la oposición. En el 2001, el estudiantado encendió la chispa de la resistencia al nutrir los torrentes de lucha contra los dictámenes del Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual había orientado una disminución del presupuesto a la inversión social. Diez años más tarde, volvió a confrontar al mandatario de turno tras echar por la borda su intención de introducir el ánimo de lucro en la universidad. En otras palabras, el accionar del movimiento estudiantil le permitió alternar sus apuestas entre lo gremial y lo político.

LA FEU-COLOMBIA: EN MEDIO DE UN CARÁCTER DUAL

Coherente con el trasegar histórico del estudiantado surgió la FEU-Colombia. En junio de 2005, en Barranquilla, la organización floreció como una expresión de los estudiantes colombianos, cuyos compromisos la proyectaron en las batallas gremiales y en las disputas políticas. De hecho, en cada universidad, la federación despuntó como organización defensora de los derechos e intereses de los estudiantes; entre tanto, en el orden nacional, fungió como una fuerza opositora a la agenda educativa del presidente Álvaro Uribe Vélez y su política de Seguridad Democrática.

El segundo congreso concretó esto, por cuanto enfatizó el papel de la FEU-Colombia en una doble dirección: luchar por defensa de los intereses del estudiantado, mientras impulsaba la solución política del conflicto armado a través del Mandato Estudiantil por el Acuerdo Humanitario. El tercer congreso operó en una dirección similar, porque llamó a la defensa de la universidad pública y a trabajar por una Educación para la Segunda y Definitiva Independencia. De esta manera, la federación asumió un accionar gremial y político, entendiendo que su participación en las luchas cotidianas del estudiantado constituía el sustrato para politizarlo y proyectarlo hacia la disputa política por un nuevo país.

El cuarto congreso siguió esta línea, en tanto procuró acompasar el trabajo de la federación con la lucha por la paz. A partir de este evento, la FEU-Colombia se la jugó por desatar la fuerza del constituyente primario como condición de una transformación sustancial en la educación y en la sociedad. Por esto, la organización levantó un programa para una universidad diferente soporte de la resistencia al acuerdo 2034 y la Ley de inspección y vigilancia, y desplegó un esfuerzo por comprometer la universidad colombiana con la construcción de una paz estable y duradera. En otras palabras, la FEU-Colombia le siguió apostando a un doble juego en el que se conjugó permanentemente lo gremial con lo político.

Pese a los altos y los bajos que ha experimentado la federación desde su quinto congreso hasta el presente, la organización persiste en esta constante. La fuerza de las circunstancias conjugadas con el compromiso histórico ha hecho que la FEU-Colombia esté en la lucha por la financiación adecuada y estatal del SUE (Sistema Estatal Universitario) y, de forma simultánea, confronte el gobierno de Iván Duque. Incluso, su incumplimiento para con el acuerdo logrado con el estudiantado ha tornado una pelea aparentemente gremial en una disputa política, por cuanto está llevando a los estudiantes a valorar al gobierno como un obstáculo en la superación de la crisis del SUE y de la educación superior.

EL MOMENTO ACTUAL, LA FEU-COLOMBIA Y SU CARÁCTER

La lucha gremial ha encontrado en cada universidad variadas expresiones, porque las condiciones básicas para que los estudiantes puedan enfocarse en la actividad académica siguen sin satisfacerse. Esto ha justificado y seguirá sustentando las tensiones entre el estudiantado y las administraciones universitarias, las cuales giran y girarán alrededor de la distribución del presupuesto, los planes de inversiones, etc. En perspectiva nacional, y como ha venido ocurriendo, este panorama servirá de sustrato para continuar la lucha por mejorar y aumentar la financiación estatal por medio de un nuevo esquema para la financiación y la asignación de los recursos.

Sin embargo, esta no es ni será la única bandera de lucha del estudiantado. Desde la experiencia de la FEU-Colombia, la educación superior universitaria está cada vez más a merced del juego de la oferta y la demanda, mientras su horizonte está anclado con las necesidades del mundo del mercado, la sociedad del consumo y totalmente al margen de la Colombia profunda, la superación de las causas originarias del conflicto armado y la justicia social. Por esto, las reivindicaciones de la federación no pueden limitarse exclusivamente a asuntos estrictamente gremiales.

En procura de esto, la FEU-Colombia le corresponde volver a consolidarse como una expresión del estudiantado de orden nacional, de raigambre gremial, y como una organización amplia y plural para que recoja el mayor número de manifestaciones del estudiantado comprometidas con sus luchas particulares, así como con una apuesta por una nueva educación para un nuevo país. Esto significa que la federación debe volver a abrirse a los estudiantes del común para que encuentren en la FEU-Colombia un instrumento de lucha y resistencia, y una escuela formadora de generaciones que –al tenor de la lucha política– confronte los gobiernos y le apueste a los cambios políticos. Así, la organización podrá constituirse en uno de los estandartes de la lucha por una universidad financiada plenamente por el Estado, que sea la conciencia crítica de la nación y contribuya a sentar las bases de la dignidad.

Esta loable aspiración exige de una federación enraizada en el estudiantado, puesto que este es el protagonista en la lucha por sus reivindicaciones y en cualquier disputa legítima. De hecho, en la pugna por una nueva educación y un nuevo país su relevancia será clave, por cuanto su presencia mayoritaria y cualificada es la que permitirá modificar el actual orden de cosas. En este sentido, la FEU-Colombia es una herramienta para convertir a los estudiantes en el constituyente primario y, por tanto, en artífice de su propio destino, parafraseando a los jóvenes de Córdoba de 1918.

La unidad, en este marco, será un medio determinante tanto para las luchas gremiales como en la disputa política. La idea de sumar cuantitativa y cualitativamente no es caprichosa, por el contrario es una condición necesaria para la victoria. La historia colombiana ha demostrado que una fuerza social es influyente en la medida en que ejerza la suficiente presión para modificar el orden de las cosas. Por lo tanto, la unidad es medio y fin para lograr los objetivos de corto, mediano y largo plazo en la brega por una nueva educación y un nuevo país.

La estreches del régimen político, el cual no ha sido modificado debido a la implementación frustrada del acuerdo con las FARC-EP, al igual que el carácter reaccionario de quienes están en el poder y desde la sombra lo ejercen hace de la unidad un imperativo de primer orden. Asimismo, la tendencia del gobierno a contener la insatisfacción social y popular por medios violentos o tolerando el accionar criminal contra quienes constituyen y pueden constituir la base de un movimiento social y popular convoca a un accionar colectivo y articulado con otras formas organizativas de la gente. De hecho, la persistencia del conflicto armado alimentada por el incumplimiento en el inicio de la construcción de la paz estable y duradera es un llamado urgente a actuar cohesionadamente contra amenazas que se suponían superadas.

En atención a todo esto, el accionar por mejorar las condiciones para la búsqueda del conocimiento por parte de los estudiantes no estará al margen de la confrontación con el gobierno actual y con las políticas educativas que continua y reproduce. El panorama que ha propiciado sienta las bases para enmarcar las luchas gremiales en disputas políticas. Sus incumplimientos, la tendencia a limitar el derecho a la protesta, y a utilizar el fantasma de los grupos armados actualmente existentes para estigmatizar a quienes se movilizan lo convierte en el adversario contra quien corresponde luchar. Por esto, la FEU-Colombia le corresponde refrendarse y constituirse nuevamente como una organización nacional, gremial, abierta, inmiscuida en la lucha política y con un espíritu unitario sin igual en perspectiva de amalgamar un movimiento estudiantil transformador y un movimiento social y popular que allane el camino hacia una Colombia con justicia social y para la dignidad.

CARTA DE UN GRUPO DE EGRESADOS DE LA UT A LOS HUELGUISTAS

Juan Carlos Galindo Guzmán, Andrés Caro, Camilo Pinzón, Juan Camilo Tibaduiza. Foro: Camilo Toro.

Admirables estudiantes:

La comunidad universitaria de la UT, al igual que la opinión púbica de Ibagué y el Tolima, fue testigo de una impresionante batalla. Desde el miércoles 15 de julio, ustedes iniciaron una huelga de hambre. Su objetivo: asegurar la gratuidad en el costo de matrícula para más de 13 mil estudiantes de los estratos 1 y 2. Hoy, las más de 168 horas de huelga valieron la pena. La negativa del gobernador Orozco, así como el silencio del alcalde de Ibagué y el rector de la universidad, no fue suficiente para contener su determinación. Una semana después, la dirección universitaria anunció la Matrícula Cero para los estudiantes de la UT.

Esta ganancia es el resultado de su arduo trabajo. Su decisión incondicional logró encarnar la necesidad de centenares de muchachas y muchachos de la universidad; incluso, logró recoger la angustia de las familias que, en medio de las penurias, estaban haciendo lo posible por garantizar los estudios de sus hijos. Por esto, ustedes merecen el mayor grado de admiración, ya que arriesgaron su integridad y salud por una causa noble y, sobre todo, justa y pertinente.

Los cuatro mil quinientos millones del gobierno departamental no son una alcahuetería. Contrario a lo que piensan y dicen otros, consideramos que estos son un aliciente; en especial, cuando los bancos están esperando con los brazos abiertos a nuevos solicitantes de préstamos con fines académicos. La posibilidad de estudiar no puede estar medida por la capacidad de endeudamiento. Así que el dinero comprometido de la gobernación en la Matrícula Cero es importante para evitar algún tipo de compromiso con el diablo. Y esto es gracias a ustedes y solo a ustedes.

Nosotros somos hijos de la UT. Al igual que ustedes, en nuestros tiempos dimos otras luchas, esperanzados en una universidad pública al alcance de todos. Hoy son ustedes los que con empeño alcañanzon un importante logro en esta vía. Esto sin pensar en sus intereses o los de sus grupos, como ocurrió durante los primeros años de la década del 2000. Por consiguiente, ustedes son la viva encarnación de la solidaridad, la abnegación y el compromiso con la causa de los estudiantes.

Nos enorgullece que jóvenes como ustedes ostenten el honor de estudiar en la UT y ser líderes estudiantiles. De seguro la experiencia vivida marcará su trasegar y los forjará como unos hombres nuevos.

Desde la distancia,

Egresados de la Universidad del Tolima

ESTUDIANTES Y DIRECCIÓN DE LA UT POR LA MATRÍCULA CERO

Por medio de una carta, los estudiantes y la dirección de la Universidad del Tolima elevan una exigencia por mayor presupuesto para garantizar la Matrícula Cero a sus estudiantes.


En la misiva en cuestión, los firmantes son enfáticos en la necesidad de resolver la incertidumbre sembrada por el Covid-19, la pandemia y la disminución de los ingresos. Ante esto, la Matrícula Cero es una prioridad en este sentido y requiere del concurso de diferentes partes para lograrlo. Por esto, los estudiantes y la dirección universitaria en cabeza de Enrique Alirio Ortiz le solicitan a la gobernación y la alcaldía de Ibagué una ayuda.

Según los cálculos realizados en la reunión de estudiantes y directivos universitarios, el faltante para garantizar la Matrícula Cero de los estudiantes en situación de vulnerabilidad asciende a los seis mil millones de pesos. Con esta suma, la exigencia levantada por la estudiantina de la UT lograría una salida oportuna a la crisis. Ahora, la palabra la tienen el gobernador Ricardo Orozco y el alcalde de Ibagué Andrés Hurtado.

LOS DATOS NO MIENTEN. LA NECESIDAD ES EVIDENTE. #MATRICULACEROYA


En unas recientes declaraciones, el gobernador del Tolima, Ricardo Orozco, expresó la imposibilidad llevar a buen término la propuesta de Matrícula Cero levantada por la estudiantina de la UT. Los costos que implica, al parecer, desbordan los recursos disponibles a nivel departamental. Por lo cual, el apoyo para el financiamiento total de la matrícula de los estudiantes clasificados en los estratos 1 y 2 de la UT está embolatado.

Para el gobernador Orozco, los 1.680 jóvenes que está subsidiado la gobernación y que viene desde la administración anterior son un aporte suficiente, así como 2.000 posibles nuevos cupos aprobados por su administración para el semestre B de 2020. El problema es que el número de estudiantes clasificados en los estratos 1 y 2 desbordan la sumatoria de los actualmente becados por la gobernación más los 2.000 adicionales. Ni siquiera sumándole a estos los beneficiarios del programa Generación E es posible cubrir a quienes están en dichos estratos.

Según el rector de la UT, Omar A. Mejía Patiño, en un tuit del 14 de julio, el número de estudiantes clasificados en los estratos en cuestión asciende a 13.400. Entre estos no figuran, como lo señala el mismo rector, los favorecidos por la gobernación (los 1.680 mencionados por Orozco) y los de Generación E. Incluso, de contemplar los 2.000 nuevos cupos anunciados por el gobernador, la cuentas no cuadran. Un número de 11.400 estudiantes estaría pendiente de una solución al problema del financiamiento de la matrícula para el semestre entrante.

En estas condiciones, la acciones de protesta emprendidas por los estudiantes de la UT, entre estas la huelga de hambre, tienen una razón de mucho peso: asegurar la continuidad académica de más de 10.000 estudiantes, cuyas condiciones socioeconómicas no son las más adecuadas en este momento. Así que el compromiso de la gobernación y la alcaldía de Ibagué no solo es necesario, sino urgente: en sus manos sigue estando la solución.

ESTUDIANTES DE LA UT SE LANZAN A HUELGA DE HAMBRE POR LA “MATRÍCULA 0”

Desde muy temprano, un grupo de estudiantes arribó a las instalaciones de la sede centro de la Universidad del Tolima. Su objetivo: exigir la implementación de la “Matrícula 0” para las y los estudiantes de la universidad.

Ibagué, 15 de julio de 2020. Estudiantes de la Universidad del Tolima inician huelga de hambre por la "Matrícula 0". Foto: AEP.

Las clases virtuales fueron cambiadas por la protesta callejera. Varios estudiantes se la juegan por comprometer a la dirección de la UT, la gobernación del Tolima y la alcaldía de Ibagué con la financiación total del costo de la matrícula para el siguiente semestre.

Según los manifestantes, la administración de la UT no ha asumido con seriedad la situación que están viviendo las y los estudiantes. La disminución de sus ingresos y la de sus familias los tiene pensativos sobre su continuidad en la universidad. Por esto, ellos están exigiendo un salvavidas que asegure su matrícula el semestre venidero y garantice su permanencia; de lo contrario, corren el riesgo de engrosar las cifras de deserción escolar que amenazan a la educación superior en la actualidad.

En este marco, los avances presentados por la rectoría son insuficientes. Si bien 1.648 estudiantes han sido beneficiarios de los apoyos de la gobernación del Tolima y 1.841 figuran como beneficiarios del programa Generación E, hay una franja de estudiantes en graves dificultades socio-económicas. Ante esto, el descuento de $245.500 en el costo de la matrícula no es un alivio, teniendo en cuenta que este costo está cercano a los seiscientos mil pesos.

En la idea de evitar esto, el grupo de estudiantes insiste en esfuerzo mancomunado con la gobernación y la alcaldía de Ibagué para concretar la financiación total de la matrícula. Este, de hecho, es el sentido fundamental de la huelga, como lo dijo uno de los participantes en el acto. El gobierno nacional ya destinó más de tres mil millones de pesos para financiar esta necesidad, pero es necesario un aporte adicional, en miras de garantizar la financiación total y para todos.

Con el fin de garantizar un desarrollo óptimo del acto de protesta, el grupo de estudiantes ha asumido las normas de bioseguridad necesarias. Entre estas se destaca el distanciamiento, el uso permanente de alcohol y el lavado de manos.

UT EN MARCHA POR LA MATRICULA 0


La necesidad de asegurar la continuidad y la permanencia de los estudiantes el semestre siguiente ha llevado a la estudiantina de la UT a levantar una voz más fuerte por la gratuidad de la matrícula. Tras los avances registrados en universidades como la de Cundinamarca, la del Valle, la del Atlántico y otras que redujeron sus costos de matricula, la muchachada de la UT le sigue apostando a la “Matrícula 0”. Esto en tanto es una forma de asegurar la continuidad de quienes están hoy matriculados en el semestre venidero.

En esta oportunidad, la forma por la que optaron para insistir en la concreción de esta exigencia fue por medio de un esfuerzo colectivo. La indiferencia con que la administración universitaria y la gobernación del Tolima ha asumido esta propuesta llevó a las liderezas y líderes estudiantiles a crear el Comité por la Matrícula 0 para la UT.

“El día de ayer, 13 de julio, las y los estudiantes de la UT nos encontramos para direccionar el actuar del movimiento estudiantil por la consecución de la Matrícula 0”, destacó Leidy Lozano, una de las liderezas estudiantiles de la universidad. En esta reunión –dice Lozano– “se concluyó la creación de un comité impulsor de la Matrícula 0, que estará constituido por estudiantes campistas, delegados de la mesa financiera, integrantes del Circulo de los Comunes, estudiantes defensores de DDHH, estudiantes que vienen trabajando alrededor de las Violencias Basada en Género y un representante estudiantil”.

Al respecto, Andrés Ricardo Barrero Lucuara, representante estudiantil ante el Consejo de la Facultad de Agronomía, sostuvo que la conformación del comité es una forma de fortalecer los esfuerzos que ha venido haciendo la estudiantina de la UT. De hecho, es una manera de “contribuir muchísimo, porque se consolidan ideas; se pueden adelantar una gestión directa con la administración acerca de la Matricula 0 y se puede presionar a la gobernación para que aporte algo para garantizar la continuidad de los estudiantes el semestre que viene. En definitiva, el comité es una forma de hacer un trabajo más fuerte”.

A la fecha, el gobierno en cabeza del Ministerio de Educación, destinó para la UT más de tres mil millones de pesos para asegurar la gratuidad de la matrícula. Hasta el momento, está en veremos los aportes de la gobernación del Tolima y de la alcaldía de Ibagué; entidades cuyos pronunciamientos develan la falta de voluntad para con la estudiantina. Por esto, y como lo señalo, Leidy Lozano, “el comité también tiene la idea de exigir la participación del estudiantado en la distribución de los recursos destinados con el fin de beneficiar a los que menos se han visto favorecidos por la pandemia”.

LA DESERCIÓN EN LA UT. EL COCO DEL PRÓXIMO SEMESTRE

Una encuesta realizada recientemente a los estudiantes de la LICIENSO de la UT permitió establecer que la tasa de deserción podría bordear el 50%. De sesenta y cinco (65) encuestados, los cuales constituye una muestra significativa de la población estudiantil del programa, resultó una tendencia preocupante al respecto. Entre las posibles causas figuran unas asociadas con la imposibilidad de pagar la matrícula del semestre entrante, y la inconformidad con la virtualización de los procesos educativos.


De la totalidad de encuestados, treinta y dos (32), que equivalen el 49,2%, respondieron ‘NS/NR’ en torno a su continuidad en la UT el semestre venidero. Veintisiete (27), que representan el 41,5%, manifestaron su decisión de seguir estudiando. Solamente el seis (6), es decir el 9,2%, expresaron una negativa a continuar.

Entre las razones expresadas por quienes descartaron su continuidad el semestre siguiente están dos (2) principales. Cinco (5) encuestados manifestaron dificultades para pagar la matrícula. Mientras tanto, uno (1) expresó su imposibilidad de acceso al servicio de internet 1.

Si bien treinta y dos (32) encuestados respondieron ‘NS/NR’ sobre su continuidad en el semestre siguiente, veinticuatro (24) de estos expresaron algunas razones que dificultarían sus estudios. Entre estas, trece (13) subrayaron su imposibilidad de pagar la matrícula; seis (6) destacaron su inconformidad con las “clases” remotas o virtuales; cuatro (4) expresaron su inaccesibilidad al servicio de internet; y solamente uno (1) refirió la ausencia de recursos tecnológicos.

Esta tendencia revela el reto al cual está enfrentada una de las principales instituciones de educación superior del departamento. Esto pasa por subvencionar los costos de la matrícula para quienes no pueden hacerlo en la actualidad, y por asegurar unos procesos educativos satisfactorios para los estudiantes y los profesores.

LA IRRESPONSABILIDAD DE LA UNIVERSIDAD DEL QUINDÍO CON EL BIENESTAR EMOCIONAL

“Los profesores juegan a que enseñan y los estudiantes juegan a que aprenden, cuando no existe en el proceso, ninguna rigurosidad”.
Jesús Martín Barbero

Estudiantes de la Universidad del Quindío en la plaza de Bolívar de Armenia. Foto: estudiantes de la UQ.

“¿Parce cómo va todo?”. Echándole un saludo le pregunté. “Ahí va. Apenas hasta esta semana pude hacer algo”, me respondió; además, añadió: “me preocupa, porque yo he repetido ya tres veces cálculo y por video-llamada el tema no me entra”.

Durante esa semana, continúe haciendo algo que hacía mucho tiempo había abandonado: me dediqué a escribirme con amigos. Un día, uno de ellos me comentó: “ya hubo un intento de suicidio en mi programa. ¿Cómo hacemos pa´ denunciar eso? Las compañeras son de lejos, tienen beca para poder estudiar y lo de las clases por computador les está dificultando mantener un promedio”.

El pasado 27 de abril, la noticia del suicidio de un profesor de la Universidad del Tolima alertó a la comunidad. Van 4 noticias de este tipo en el último mes en ese departamento, lo cual es un signo evidente de algo que está pasando; pero que nadie menciona y menos por estos tiempos. En Colombia, el año pasado fueron reportados aproximadamente 2,552 casos de suicidio, cifras que aumentaron un 3,7% con respecto al 2018. Estos acontecimientos, responden a serias problemáticas sociales, que debieron desde hace mucho tiempo, ser foco de atención en los centros educativos.

Estudiantes y profesores ya eran blancos de la angustia, la ansiedad y la depresión. Digo que es culpa del clásico modelo económico capitalista, el cual no se detiene ni espera por nadie, y durante generaciones nos ha hecho creer que quien a ese bus de la “vida productiva” no se logre subir en la parada y el tiempo establecido, ha de cargar con un remordimiento para toda la vida, cayendo al abismo de los trastornos mentales.

A esto, el Estado es el que debe garantizar acciones que velen por el bienestar social y las universidades no se pueden quedar atrás ni hacerse las ciegas ante la problemática: es menester incorporar elementos que actúen tempranamente ante los síntomas de una enfermedad mental, antes de que comiencen a aparecer signos que, en muchas ocasiones, llegan a ser incluso perceptibles solo hasta el momento en que nos encontramos lamentando una vida.

Sin embargo, esto es como navegar en aguas turbulentas. La salud mental nunca ha sido una prioridad, ni para las empresas prestadoras del servicio, ni para instituciones de educación superior. La Universidad del Quindío, por ejemplo, cuenta con un plan de Bienestar Institucional que brinda el “derecho” a los muchachos de acceder a 30 minutos de consulta psicológica al mes. La espera por estas sesiones resulta siendo eterna e infructuosa para quien afronta en carne propia signos claros de suicidio. Ahora, sin contar lo dificultoso que es poder conseguir una cita en las oficinas, donde la información no se presta ni con los mínimos de eso que llaman “servicio al cliente”; pero que yo por esta ocasión prefiero clasificar como tratos ‘mínimos de amabilidad’, porque algo si hay que decir y es que resulta bastante paradójico que sea justamente la dependencia encargada de brindar Bienestar a la institución la que cause mayor malestar en la comunidad universitaria.

Al respecto, algunos de los comentarios que recibí mientras realizaba mi corta encuesta de calidad del servicio con mis compañeros son una evidencia fehaciente: “La semana pasada solicité apoyo psicológico a Bienestar y me dejaron en visto”; “cuando estudiábamos en la U, una vez fui a acompañar a una amiga que atravesaba una crisis fuerte de depresión y solo pudieron ofrecerle un abrazo”; “solicité una sesión por lo de la violencia con mi ex –usted sabe lo que le conté– la primera vez por las clases llegué tarde y no me dejaron entrar a consulta. Me tocó esperar un tiempo para volver a solicitar el servicio y a la final me dijeron que ellos no tenían autorización para tomar ese tipo de casos”; “mis compañeros hacen su pasantía allá y salen destrozados porque la universidad no es mucho lo que les permite, ¡y es que qué es media hora! Lina, eso no es nada, eso es una impotencia de no poder hacer nada por esa persona”.

Este panorama pone en evidencia qué tipo de servicios presta la Universidad. En instituciones como la nuestra, dónde tanto la educación como el Bienestar Universitario pasan a ser un servicio que debe pagarse para poder ser un "derecho", estarían respondiendo a un modelo neoliberal en el que se prima el individualismo y la mercantilización sobre los sentimientos y la vida humana. Y así es como la crisis actual se ha manifestado públicamente. Las Instituciones de Educación Superior, por ejemplo, han tomado las determinaciones más individualistas posibles. Les ha parecido mucho más fácil descargar sobre el estudiante la decisión entre cancelar materias y atrasarse o continuar y aceptar una educación de baja calidad. Una suerte de dilemas morales, donde se entran a evaluar Costes vs. Beneficios de manera individual, según la situación de cada quien.

La improvisación pedagógica en tiempos de pandemia al parecer no tiene límites. La solución del momento y de primer nivel es repartir unos cuantos computadores, como si el poseer un equipo ahora solucionase todos los problemas personales y académicos del estudiante. Estamos en un momento en el que hay que prestar atención a la crisis emocional que la COVID-19 está causando, sin necesidad de cerrar bloques y sacar sillas. Esto no va a ser resuelto con dotación mercantil, pues eso de velar por los materiales de los muchachos para que puedan tener acceso a las clases debería ser una tarea permanente y no coyuntural. A lo que voy es a que en tiempos de crisis social, más allá de ver las clases lo que prima es el tema de la dignidad del estudiante, la cual indiscutiblemente debe ir de la mano de una integralidad que solo puede llegar a dotarse con calidad educativa y la priorización de su bienestar.

Escrito por María Antonia Marín