AEP

Imágenes del tema de kelvinjay. Con tecnología de Blogger.

Análisis

Opinión

UQ

UT

Ibagué

Infografías

“EDUCACIÓN VIRTUAL” EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Imagen: Fundación Santa fe de Bogotá.

El 16 de marzo, en las horas de la mañana, un colega me contactó. Después de un saludo algo conciso, me dijo “hermano, me toca hacer clases virtuales y no sé que voy a hacer. Lo único que sé utilizar el WhatsApp y a medias el Facebook”, y añadió: “¿Será que usted me puede ayudar?”. En horas del almuerzo recibí un par de llamadas similares. Dos compañeras con quienes había estudiado en la universidad me ubicaron y me plantearon una inquietud similar. En la noche, al revisar la bandeja de entrada de uno de mis correos, me percate de otros mensajes en la misma dirección.

La suspensión de clases como medida para evitar la propagación del coronavirus, a parte de necesaria, generó nuevas incertidumbres en mis colegas. Por más jóvenes que fueran en la docencia, no estaban preparados. Según uno de ellos, “el gobierno y el ministerio los mandó a la guerra sin armas”, es decir sin las claridades teórico-conceptúales y procedimentales para desarrollar procesos de enseñanza y aprendizaje mediados por recursos virtuales o digitales. Por esto, me di a la tarea de generar –en medio de las limitaciones– unos espacios de reflexión y orientación sobre la educación virtual.

En esta materia, no soy una autoridad. Si bien mis estudios de postgrado no me orientaron plenamente frente a la incorporación de los recursos tecnológicos digitales en el aula, a lo sumo lo hicieron en función de la investigación educativa; unos estudios complementarios que posteriormente adelanté me brindaron algunas herramientas para pensar uno que otro curso virtual. Sin embargo, no sé todo lo que necesita dominar un profesor virtual o e-Mediador para generar espacios virtuales de aprendizaje, sé algunas cosas.

En atención a esto, el intercambio con mis colegas, el cual ha sido muy intenso, ha corroborado la indefensión en la que han quedado frente a la suspensión de clases presenciales. Desde el ángulo de ellos, lo único que tienen a la mano es el chat de WhatsApp, los recursos que ofrece el Facebook (páginas, grupos, chat y transmisiones en vivo) y las video-conferencias a través de Skype, ZOOM u otro servidor. Aun así, y ellos mismos lo dicen, no tienen una idea decantada sobre cómo planificar y articular estas herramientas con los objetivos de sus cursos.

En la educación superior ha venido ocurriendo algo similar. De un momento a otro, las IES (Instituciones de Educación Superior) cambiaron las reglas de juego. La idea de garantizar la continuidad de los semestres académicos en curso y asegurar el inicio de los que están pendientes no es descabellada. El problema radica en que lanzaron a los docentes a una batalla sin la preparación necesaria. De hecho, varios colegas han puesto el grito en el cielo, porque en tiempo contrarreloj los han puesto a manejar plataformas, efectuar una transposición didáctica de sus cursos a la modalidad virtual sin los elementos teórico-conceptúales necesarios, y desarrollar encuentros sincrónicos (vídeo-conferencias) sin una idea clara sobre cómo se efectúan.

Con todas las buenas intensiones, los profesores han hecho lo humana y tecnológicamente posible. A través del WhatsApp, de los Facebook live, de Skype y otros recursos similares han dictado sus clases; incluso, han resuelto preguntas en encuentros asincrónicos. En definitiva, ellos han procurado cumplir su labor.

En el último intercambio virtual que sostuve con un par de colegas, ellos destacaban que estaban adelantando una labor heroica. Sin el conocimiento necesario se lanzaron en una aventura que –de una u otra manera– la están gozando. No obstante, nos surgió una pregunta: ¿Será que los estudiantes lo están asumiendo de la misma manera? ¿Hasta qué punto esto está contribuyendo a sus aprendizajes?

Una cosa es utilizar algunos recursos tecnológicos, sobre todo de las tecnologías de la comunicación, para generar intercambios con otros; pero otra cosa es genera Ambientes Virtuales de Aprendizaje (AVA). La educación virtual no se define por el uso de los recursos tecnológicos digitales, sino por la generación de un espacio virtual para el aprendizaje, en el cual el docente (e-Mediador) desarrolla una propuesta didáctica (mediaciones) a través de unos medios (e-Medios) con unos estudiantes (e-Estudiantes), quienes están encargados de buscar el conocimiento. Esto significa que cada actor tiene un rol, el cual está apoyado en el uso articulado de unos recursos. Así que dictar, al mejor estilo tradicional, una clase por medio del WhatsApp, un Facebook live, o de Skype no se puede calificar como educación virtual.

La contingencia que está enfrentado la humanidad no estaba agendada, así la ciencia ficción la haya contemplado. No por esto, la improvisación y la experimentación espontánea sean validos a la hora de garantizar un proceso cuya finalidad es la formación. A mi criterio, considero que con la educación no se juega, y de hacerlo deber ser con seriedad, como lo consideraba Bruner. En este momento, no está en juego el cumplimiento de las metas anuales contempladas en los planes operativos o de acción de las instituciones educativas. Lo que está verdaderamente en juego es la pervivencia de la existencia humana y la posibilidad de prepararnos a la altura para futuras eventualidades. Entonces, la improvisación no es una opción y lo que se requiere en urgencia es una cualificación de los cuerpos docentes.

Escrito por Juan Bermúdez Sánchez, licenciado en Lengua Castellana

ESTAMENTOS UNIVERSITARIOS Y ELECCIÓN DEL RECTOR


La discusión alrededor de un nuevo Estatuto General para la UT ha conducido al equipo de la AEP a realizar una búsqueda sobre las formas de elección del rector en diferentes universidades del SUE (Sistema Universitario Estatal). Tras revisar los Estatutos Generales de nueve (9) instituciones seleccionadas de forma aleatoria, la búsqueda reveló un par de elementos comunes: en unas universidades, los rectores son elegidos o designados por los Consejos Superiores sin que los candidatos sean postulados por los estamentos universitarios; en otras, los rectores son postulados por los estamentos; y en unas pocas, los estamentos son consultados, lo cual no tiene carácter vinculante. Como conclusión, el presente trabajo revela que los profesores, estudiantes, egresados y trabajadores figuran de forma tangencial o marginal en el proceso eleccionario de esta autoridad universitaria. Por esto, ponemos a consideración la revisión sobre la cual se extrajeron estas consideraciones en miras de ampliar la comprensión sobre la participación de los estamentos en el ejercicio de la democracia y la autonomía universitaria.

UN NUEVO ESTATUTO GENERAL PARA QUE TODO SIGUA IGUAL


La Universidad del Tolima está sorteando un proceso de “actualización” de sus normas y reglamentos internos. En el marco de la pretendida acreditación, su dirección se la ha venido jugando por modificar sus estatutos. Esto como un paso fundamental para sintonizar la universidad con las nuevas realidades que actualmente afronta.

Entre la normativa a modificar figura el Estatuto General. Desde el año pasado, la administración universitaria inició un proceso de discusión; incluso, desarrolló un intercambio con estudiantes y convocó a la participación virtual de los estamentos. El resultado: una mesa de trabajo con activistas estudiantiles de la que se desconocen sus conclusiones y varias observaciones realizadas por integrantes de la comunidad universitaria que están colgadas en la página web de la institución.

La movilización con la que cerró el 2019 la universidad dejó ver que los mecanismos de participación implementados por la administración fueron insuficientes. Uno de los reclamos de los estudiantes estuvo relacionado con la participación efectiva de ellos y los demás estamentos en la modificación de este Estatuto. Para el estudiantado, el proceso debió surtirse de forma universitaria, es decir en el marco de la discusión argumentada y de cara a la comunidad. Por esto, ellos denunciaron la forma cómo la dirección universitaria estuvo tramitando la modificación del Estatuto General, porque no fue democrática así hayan simulado un tipo de participación.

Ante esta crítica, el representante de los ex rectores ante el Consejo Superior comprometió al estudiantado con la elaboración de unas observaciones, siguiendo el esquema de participación utilizado. Para sorpresa de las directivas, los muchachos fueron más allá, ya que elaboraron una propuesta parcial de Estatuto General. Con esto, ellos le devolvieron la pelota al Consejo Superior, porque le correspondía responder a las iniciativas contenidas en la propuesta presentada por los estudiantes, lo cual no ha ocurrido a la fecha.

Una respuesta de este tipo es contraproducente a estas alturas del partido. Según las directivas universitarias, el Consejo Superior ya aprobó un primer borrador del Estatuto y es inadmisible devolver la discusión. En otras palabras, reabrir el debate no vale la pena, porque ya fueron aprobados elementos sustanciales del nuevo documento. El problema es que lo “acordado” es desconocido por la comunidad universitaria y muy probablemente suscite debate en los estamentos.

Por ejemplo, el primer borrador del nuevo Estatuto señala que la labor de la UT se desarrollará en el marco de todas las modalidades que hoy conoce la educación superior. Esto significa ir más allá del trabajo presencial y de su educación a distancia, que se asemeja a una modalidad semipresencial. Aunque esto no es un pecado, proyecta la universidad hacia una arista de trabajo poco explorada: la educación virtual. Por lo tanto, esta novedad en el Estatuto a qué corresponde: ¿Quieren sintonizan a la UT con la “sociedad del conocimiento”? o ¿Se la están jugando por ofertar programas académicos en una modalidad que aminora los gastos y fortalece las estrategias de autofinanciación?

Otro elemento que generaría ruido es el relacionado con la autonomía universitaria. Con respecto al Estatuto vigente, el borrador en curso no formula algo novedoso; por el contrario, sigue planteando que el ejercicio de la autonomía reposa en los organismos de dirección general y en los de dirección académica-administrativa. En este marco, los estamentos no tienen peso en la toma de decisiones y no hay mecanismos para involucrar a la comunidad universitaria en el trámite de las decisiones trascendentales para la institución. En definitiva, el estudiantado, el profesorado y los trabajadores siguen siendo unos convidados de piedra en la dirección de la universidad.

La elección de la principal autoridad universitaria no dista notoriamente de la forma como ha venido realizándose. El Consejo Superior es el que tiene la última palabra al respecto. Mientras tanto, los estamentos serán consultados, mas no considerados como protagónicos en dicha elección. Así que este es otro asunto espinoso en la discusión sobre el Estatuto General.

Todo indica que la “discusión” de un nuevo Estatuto no está en función de la superación de las prácticas nocivas que atentan contra el ejercicio de la autonomía. Las iniciativas contenidas en el primer borrador no actualizan la vida universitaria con los principios de la universidad moderna. Lo que este hace es profundizar y entronizar en la cotidianidad de la UT viejas prácticas presentadas como nuevas, las cuales divorcian a los organismos de dirección con los estamentos y los protagonistas de los procesos educativos e investigativos.

En poco el Consejo Superior aprobará una nueva versión del Estatuto General. Lastimosamente, la propuesta de los estudiantes –a la fecha– quedó archivada. Si el debate al respecto se hubiera realizado en términos universitarios, el Estatuto que pariría el Consejo Superior podría ser otro y los estudiantes, profesores y trabajadores estarían dando un paso hacia otra institución.

Escrito por David Francisco Copetrán

ESTATUTO GENERAL PROPUESTO POR LOS ESTUDIANTES SIN DISCUSIÓN EN EL CONSEJO SUPERIOR

A cambio de una prorroga en los tiempos de aprobación del Estatuto General de la UT, el año pasado, el representante de los exrectores ante el Consejo Superior, Fernando Misas, instó a los estudiantes a elaborar unas observaciones. El estudiantado no solo las elaboró, también preparó una propuesta que a la fecha no ha sido sustentada ante este organismo y discutida por el mismo.


La Universidad del Tolima cerró el 2019 de forma anómala. Un movimiento estudiantil se levantó para reclamar reconocimiento, participación e incidencia. El desconocimiento de la administración universitaria a los Consejos Estudiantiles, el manejo antidemocrático de los recursos derivados de la movilización de 2018 y la negativa a discutir con todos los estamentos un nuevo Estatuto General, llevó al estudiantado alterar el curso de la universidad.

Aunque la administración universitaria asumió unos compromisos al respecto, estos siguen en veremos. El reconocimiento de los Consejos no ha adquirido forma jurídica. Mientras tanto, las respuestas en materia financiera aún son esquivas y poco detallistas. Incluso, el trámite y aprobación de un nuevo Estatuto General no se ha efectuado en un diálogo con los estudiantes, quienes elaboraron una propuesta.

Los dos primeros asuntos daban espera. La necesidad de finiquitar el semestre académico no daba mucho tiempo para decantar el acto administrativo que formalizara el o los Consejos Estudiantiles, así como para efectuar un seguimiento riguroso a las finanzas de la UT. Sin embargo, los tiempos permitían los intercambios y las negociaciones necesarias entre el Consejo Superior y los estudiantes proponentes de un nuevo Estatuto General.

Según Leidy Lozano, activista estudiantil de la UT, “los estudiantes cumplimos con nuestro compromiso. Nosotros asumimos la elaboración de una propuesta y a contrarreloj hicimos algo. El 9 de febrero la enviamos a la Secretaría General de la universidad y hasta el momento seguimos esperando a que nos llamen a una sesión del Consejo Superior para sustentarla, discutirla y planear una hoja de ruta para la aprobación del Estatuto con la participación de la comunidad universitaria”. Además, la activista añadió que los estudiantes “no somos los únicos que enviamos un articulado de Estatuto General”.

En un mensaje de correo electrónico con fecha del 3 de marzo de 2020, la Secretaría General de la UT corroboró la recepción de la propuesta elaborada por los estudiantes: “de manera respetuosa me permito informarle que el Consejo Superior agradece la presentación de la propuesta de Estatuto General basada en el proyecto de Estatuto aprobado en primera vuelta”. El problema radica en que no fue explicita frente al procedimiento que surtirá ni manifiesta algo frente al papel de los estudiantes en su sustentación.

La sesión del 24 de marzo del Consejo Superior tiene por objeto abordar nuevamente la discusión en torno al nuevo Estatuto General. El representante profesoral ante este órgano ha llamado la atención sobre un segundo borrador de Estatuto. Los estudiantes y la comunidad universitaria lo desconocen, además no tienen certeza que el articulado contenga las propuestas elaboradas por ellos. Esto en razón a que la discusión no la ha contemplado el Consejo Superior o quienes están directamente involucrados con la reforma.

En estas condiciones, el malestar manifestado en redes sociales por parte del estudiantado es justificable. El esfuerzo académico e intelectual por pensar la universidad está siendo arrojado por la borda, ya que el Consejo Superior no ha llamado a la discusión universitaria que exige la aprobación de una nueva hoja de ruta para la UT.

CARTA ABIERTA AL CONSEJO SUPERIOR DE LA UT

Ibagué, 17 de marzo del 2020


El pánico alrededor del coronavirus ha implicado la puesta en marcha de varias medidas. Como ocurrió en las instituciones educativas oficiales y privadas, a los estudiantes nos instruyeron de forma exprés en el lavado minucioso de manos. Después, nos informaron sobre la suspensión de eventos masivos, así como de la modificación de los calendarios académicos. Incluso, el presidente Duque adelantó las vacaciones de los estudiantes de básica y media.

La Universidad del Tolima no ha estado al margen de estas determinaciones. A parte de adoptarlas, la institución cesó varias actividades académicas inter-semestrales, conminó a sus funcionarios a desarrollar algunos de sus procesos de forma virtual y llamó a los estudiantes a no concurrir en la institución. Para el caso de los estudiantes del IDEAD, quienes ya iniciaron su semestre académico, los instó a estar atentos de cualquier medida orientada por su dirección.

Sin poner en tela de juicio estas determinaciones, queremos compartirle una inquietud que ha empezado a circular entre el estudiantado: La alteración de la dinámica académica en la universidad, ¿También implica una modificación en el curso de la dirección general de la institución? Es decir, ¿El Consejo Superior continuará sesionando mientras el grueso de la comunidad universitaria está preocupado por esquivar el coronavirus?

Esto lo ponemos en su conocimiento, porque no es muy universitario tramitar decisiones que convocan al conjunto de la comunidad a espaldas de la misma. En la actualidad se está tramitando un nuevo Estatuto General y los estudiantes hicieron un esfuerzo por elaborar una propuesta, la cual no ha sido discutida en el Consejo Superior y mucho menos de cara a quienes la elaboraron. Ahora, el pánico generalizado que ha causado el coronavirus está marginando de la universidad a los autores de esta iniciativa y a contrariar uno de los principios que rige a la UT: la democracia. Por lo tanto, consideramos lógico que el necesario debate sobre la aprobación del Estatuto General se desarrolle en el marco de una vida universitaria activa y de cara a todos los estamentos que la constituyen.

La universidad necesita actualizarse y sintonizarse con el momento histórico, pero necesita hacerlo de conformidad con su naturaleza. El estudiantado hace parte de esta naturaleza, porque es uno de los protagonistas en la búsqueda del conocimiento y tiene todo el derecho a participar en las decisiones sobre el curso de la institución. Desde el año pasado los estudiantes se la jugaron por esto. De hecho, ellos tienen una propuesta y merece ser discutida. La idea es que el coronavirus no sea un pretexto para alimentar un espíritu anti-universitario, el cual se nutre del debate, la negociación y la construcción colectiva.

Agradecemos su atención.

Atentamente:

Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia (FEU-Colombia)
Red de Independientes Estudiantil (RIE)
Mesa de Economía para la Representación Estudiantil (MERE)
Representantes de la Facultad de Ingeniería Agronómica
Representantes de Ciencias Básicas
Representantes de la Facultad de Educación
Representantes de la Facultad de Tecnologías
Representantes de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes
Estudiantes no organizados

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL TIENE COMO SENTIR LA PROTECCIÓN Y EL AMOR POR LA UNIVERSIDAD

Estudiantes de la Universidad del Quindío en la plaza de Bolívar de Armenia. Foto: estudiantes de la UQ.

Para los estudiantes de la Universidad del Quindío, las acciones de protesta realizadas en el contexto del Paro Nacional del 21 de noviembre al que el estudiantado se unió el día 22, se han visto afectadas por comentarios tendenciosos sobre cómo se están llevando a cabo y cómo están siendo lideradas por los estudiantes. Los directivos de la universidad, por medio de sus pronunciamientos en reacción a lo que han realizado los estudiantes (movilizaciones, murales, comidas comunitarias, performance, entre otros), han dado a entender que no están a favor de ello y que no tienen intenciones de ceder frente a las peticiones que quiere conseguir el estudiantado por medio del paro.

Recientemente en una una entrevista realizada al rector de la universidad, José Fernando Echeverry Murillo, se evidenció la intención de deslegitimar las acciones del movimiento. La información que está llegando a la comunidad quindiana se convierte en una situación perjudicial para los estudiantes y profesores que apoyan la lucha, porque se está desmeritando todo el actuar con declaraciones acusatorias hacia los involucrados en el movimiento, como "robos, agresiones, suspensión de obras", según lo que menciona el rector, además de la acusación de destrucción del esfuerzo que hay en el Alma Mater.

Ante esto, el estudiantado tiene una opinión clara en la que es firme con sus ideales y las intenciones con las que se ha tomado la universidad, la cual no está "secuestrada" y siendo destruida; además, los administrativos no están siendo agredidos. Simplemente se ha tomado el espacio como centro de encuentro para diferentes actividades culturales que visibilizan el paro en el Quindío y donde todas las personas pertenecientes a la universidad son libres de opinar y trabajar según sus propósitos. Asimismo, es necesario aclarar que dentro de las protestas todos los quindianos tienen el derecho de participar y apoyar con justa causa a los estudiantes, los profesores, los directivos y demás trabajadores que están encaminando todos sus pasos a la búsqueda de un mejor espacio en el área académica y de bienestar en la Uniquindio.

Y es precisamente en este aspecto donde se pretende mantener la atención y donde debe radicar la importancia del proceso por el que está pasando la universidad, conservando el respeto, la integridad y el amor necesarios para la lucha, sin nutrir elementos que solo buscan desviar la verdadera reflexión de la situación.

EN LA UNIVERSIDAD DEL QUINDÍO SE RESPIRA INDIGNACIÓN

Estudiantes de la Universidad del Quindío en la plaza de Bolívar de Armenia. Foto: estudiantes de la UQ.

Los estudiantes de la UQ no han sido ajenos a las problemáticas que vive su Alma Mater y el país en general. Esto ha justificado un proceso de movilización constante desde el mes de octubre. Mes que registró diferentes tipos de manifestaciones llenas de creatividad, alegría y muchas ganas de cambiar el curso de la universidad y la realidad inmediata de los territorios.

Los antecedentes de este estallido se remontan a inicios de octubre. Durante los primeros días del mes, los estudiantes levantaron un pliego de exigencias y conformaron una mesa de diálogo y negociación con la rectoría. Infortunadamente, un viaje furtivo del rector estancó el funcionamiento de la mesa y, con esto, el tramite de la exigencias del estudiantado, quienes reclamaron –una vez más– una solución a los altos costos de las matrículas, el aumento de los profesores de tiempo completo, un mejor bienestar universitario, una autonomía real, mayores niveles de democracia y la modificación de la universidad como prestadora de servicios a la sociedad. El desentendimiento de la rectoría aumentó el malestar de los estudiantes y, con ocasión al paro del 21N, la variedad de formas de protesta estudiantil inundaron la universidad y las calles de Armenia.

Gran parte de estas manifestaciones se han desarrollado en atención a unas reivindicaciones locales y en apoyo a las exigencias del paro nacional, es decir en contra de las políticas de muerte del gobierno de Duque. A partir de todas estas protestas protagonizadas por el estudiantado, la administración universitaria de la UQ en cabeza del rector José Fernando Echeverry Murillo le ha apostado a deslegitimar, perseguir y poner en peligro al estudiantado. La arremetida del ESMAD del pasado 22 de noviembre fue una muestra de esto último, porque la vida de todas y todos los que alzaron su voz de inconformidad con los malos manejos que se le dan al interior de la institución fue puesta en peligro.

A raíz de las jugadas sucias del rector orientadas a ablandar al estudiantado amparándose en la brutalidad del ESMAD y en las mentiras, las y los estudiantes se declararon en paro indefinido el 22 de noviembre; además, tomaron la decisión de sumarse al paro nacional atendiendo al llamado de otros sectores sociales y populares de Armenia, los cuales levantaron el rechazando el actual gobierno nacional. Posteriormente, y con todas las desacertadas acciones emprendidas por la administración, el 2 de diciembre el estudiantado reunido en asamblea general declaró persona no grata y peligrosa para los estudiantes de la UQ al actual rector. Asimismo, ellos exigieron su renuncia por la manipulación mediática que le ha dado a todo este proceso de movilización, donde pusieron en peligro a los estudiantes y el profesorado realizando actividades evaluativas fuera del campus como también por la persecución emprendida contra los sindicatos de trabajadores y profesores de la universidad.

En medio del desconocimiento del proceso de movilización, la administración hizo una campaña sucia denominada '+ Amor por la UQ'. Esta ha pretendido utilizar a todos los trabajadores guiados por mentiras para ponerlos en contra del estudiantado. La campaña aduce que los estudiantes son los responsables por no dejarlos trabajar cuando las puertas del campus siempre han estado abiertas para desarrollar sus labores.

Pese a esto, en la UQ se la levantado un movimiento estudiantil en movilización constante. Su resistencia y persistencia le han permitido enfrentar el fascismo y a la arremetida una administración que nunca escucha a los demás estamentos; asimismo, ha puesto en evidencia que la dirección sólo responde a unos intereses clientelistas y burócratas de la clase política tradicional del Quindío.

El momento al que asiste el estudiantado de la UQ es especial. En este momento está en un doble enfrentamiento. Por una parte, libra una batalla contra los intereses ajenos a la vida académica y que han doblegado el papel de la universidad. Por otra, suma su fuerza en contra de un gobierno sordo cuyas políticas tienden a beneficiar a unos pocos. Todo esto perfila al estudiantado como una conciencia crítica de los quindianos y, quienes estamos a su alrededor, no podemos ser inferiores en su apoyo, aliento y acompañamiento.

UT EN MOVIMIENTO: CRONOLOGÍA DE UNA LUCHA

Durante los meses de octubre, noviembre y los primeros días de diciembre en la Universidad del Tolima germinó la indignación. Variados acontecimientos de orden nacional y local alimentaron este sentimiento, llevando a una asamblea permanente y, con posterioridad, al cierre de la universidad. A continuación, una aproximación cronológica a los principales hechos que formaron la indignación, potenciaron la movilización y desembocaron en un conflicto con la dirección universitaria.


23 de octubre: Los estudiantes asumen la conformación de los consejos estudiantiles por programa y por facultad; además, analizan las observaciones del Consejo Nacional de Acreditación sobre la acreditación institucional de la universidad y se declaran asamblea permanente a raíz del tramite del artículo 44 de la Ley de Presupuesto General de la Nación y los abusos del ESMAD.

30 de octubre: Mientras el estudiantado sesiona en asamblea, los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Educación ocupan la oficina de la rectoría. Después de las provocaciones de la secretaria general, las partes acordaron 3 compromisos principales: una rendición de cuentas por parte de la administración universitaria sobre el proceso de acreditación institucional, el reconocimiento los consejos estudiantiles conformados a la fecha por medio de un acto administrativo, y una mesa de trabajo alrededor de los recursos transferidos a través de la resolución 9663 y la 10515. En el marco de la asamblea, los estudiantes deciden participar en la reunión del comité dinamizador de la UNEES.

6 de noviembre: El rector convoca a una reunión abierta a los estudiantes para presentar a los activistas de las organizaciones como sus convocantes. Los estudiantes desmienten esta falacia y entran en choque con la dirección. Por su parte, un grupo de profesores cuestionan a los estudiantes por falta de claridad en sus reivindicaciones.

8 de noviembre: Los estudiantes refrendan la continuidad de la asamblea permanente y debaten sobre la actitud de la dirección y el papel de los profesores.

12 de noviembre: Los estudiantes se enteran de una reforma al estatuto general inconsulta con el estamento estudiantil, así como de una modificación a las facultades; igualmente, aprueban la declaratoria de personas no gratas a 2 altos directivos, 1 profesor y 2 funcionarios de la Vicerrectoría de Desarrollo Humano; también, elevan sus primeras exigencias de forma más decantada y contemplan una acción de hecho.

16 de noviembre: Un grupo de estudiantes bloquea la entrada principal de la universidad, hace público un pliego de exigencias de 7 puntos y llama a la dirección al diálogo. En respuesta a esto, las directivas suspenden el funcionamiento del restaurante universitario. Asimismo, otro grupo de estudiantes opta por ocupar la universidad, instalar un campamento y cerrar indefinidamente la entrada de la UT en reacción a la decisión de la administración.

Entre las principales exigencias figuran: el congelamiento del proceso de reforma al estatuto general y a la restructuración de las facultades hasta garantizar la participación del estudiantado, la incidencia de los estudiantes en la distribución de los recursos derivados del acuerdo con el gobierno en 2018, la constitución de un cogobierno universitario sustentado en un consejo estudiantil, y la participación del estudiantado en la elección de las autoridades universitarias, incluyendo los directores de programa y otras dependencias como el CERE.

18 de noviembre: Los estudiantes aprueban el campamento universitario, validan el pliego de 7 exigencias, al igual que el cierre de la entrada como medida de presión para convocar al diálogo a la administración universitaria.

21 de noviembre: Los estudiantes se suman a la paro nacional convocado por las centrales obreras, participando de forma multitudinaria.

28 de noviembre: Los estudiantes y las directivas académicas se reúnen en el marco de un Consejo Académico ampliado. Al finalizar aprueban una comisión integrada por estudiantes, profesores, trabajadores y miembros del Consejo Académico con el fin de analizar las exigencias de los estudiantes y, en especial, la reforma al estatuto general.

30 de noviembre: Una comisión del estudiantado participa en la reunión del Consejo Superior. Tras la exposición de sus exigencias, el representante de los exrectores descalificó a los estudiantes y les dio 6 días para presentar unas observaciones a la reforma al estatuto general.

5 de diciembre: Los diálogos entre los estudiantes y el Consejo Académico se rompen.

6 de diciembre: Los diálogos entre las partes llegan a buen término. El Consejo Académico tramita las exigencias de los estudiantes, el Consejo Superior modifica la fecha de aprobación de la reforma al estatuto general y el rector emite 3 resoluciones orientadas a materializar las exigencias de los estudiantes. Por su lado, los estudiantes del campamento desbloquean la entrada de la universidad.