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LA VELETA APUNTA HACIA LA ORGANIZACIÓN Y MOVILIZACIÓN

Una vez más, la coyuntura propuesta por el gobierno de turno eriza los sentidos de algunas expresiones de los estudiantes universitarios. Desafortunadamente, esta sensación ha sido el motivo fundamental por el cual dichas expresiones, nuevamente, han vuelto a darse cita para repensar la lucha contra la privatización y mercantilización de la educación, y, de paso, perfilar un proyecto educativo radicalmente diferente al existente.

En esta ocasión, la nueva Ley de Educación Superior propuesta por Juan Manuel Santos sirve de eje articulador del estudiantado. Hoy, su carácter lesivo reúne a centenares de jóvenes universitarios en torno a su repudio y hundimiento, tal y como lo expresó la primera reunión de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) efectuada el pasado 20 y 21 de Agosto en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

A este respecto, la mayoría de lecturas en torno a la reforma la tildan como perjudicial para con la educación superior: la nueva Ley la consolidaría como servicio que se compra y se vende; concretamente, abriría la posibilidad para que nuevas universidades (principalmente extranjeras) extraigan alguna ganancia a partir de la oferta y prestación del servicio educativo.

Además, la propuesta también afianzaría –como lo ha venido haciendo– la focalización de unos pocos dineros para incluir a los más pobres en la educación superior. Dineros que garantizarían el mediano funcionamiento de las universidades estatales o servirían para financiar, por medio de préstamos, la educación de ciertos estudiantes, tanto de universidades publicas como de privadas.

No obstante, estas resonancias no son tan contundentes en algunas universidades, particularmente en la Universidad del Tolima. El desconocimiento, el silencio cómplice de algunas expresiones de los estudiantes, la timidez de sus agrupaciones y hasta las tensiones existentes entre estas le otorgan al estudiantado el papel de mero espectador ante una coyuntura determinante para la educación colombiana. A todas luces, y en la perspectiva, estas condiciones dificultarán la inserción de los estudiantes de la UT al torrente de lucha contra la nueva Ley de Educación Superior, en tanto no expresan un sinsabor generalizado frente a la iniciativa gubernamental, y mucho menos la disposición y el compromiso necesario para manifestarse en contra de la Ley.

Por esto es indispensable aunar y redoblar esfuerzos para incubar las condiciones propicias que conduzcan al hundimiento de la nueva Ley. Las agrupaciones que actualmente confluyen en la Mesa Amplia Regional de Estudiantes (MARE) no pueden diluir sus energías en el crecimiento cuantitativo del espacio, por el contario deben procurar agitar los alcances e implicaciones del proyecto gubernamental en aras de organizar y movilizar al estudiantado. Así, el número de integrantes de la mesa se ampliará y expresará el descontento en torno a la nueva Ley de Educación Superior.

Esto sólo será posible en la medida en que las MARE y sus integrantes desarrollen los derroteros trazados por la primera reunión de la MANE. El actual momento no requiere de vacilaciones. Una reforma nefasta se avecina para la educación y el esfuerzo conjunto de los elementos más consecuentes del movimiento estudiantil de la UT representará un aporte significativo para repudiar y hundir la nueva Ley de Santos.

CONTRA LA CORRUPCIÓN, LOS SEÑALAMIENTOS Y LA PERSECUCIÓN EN LA UT

De la mano de los casos del clientelismo y corrupción en los que está involucrada la administración de Jesús Ramón Rivera y que inevitablemente fueron destacados por El Nuevo Día y El Tiempo, la persecución, estigmatización y judicialización de sus detractores y críticos vuelve a campear en la Universidad del Tolima como mecanismo de defensa de los intereses de unos pocos.

Así lo pusieron en evidencia algunas expresiones de los estudiantes y de los profesores por medio de una concentración en el parque Ducuara de la universidad efectuada ayer 23 de Agosto. Mitin que elevó una voz de repudio contra “la corrupción y el clientelismo que se vive actualmente en la universidad (…) y contra la persecución laboral y sindical que ha venido ejerciendo como chantaje contra la protesta ciudadana”, como lo expresó Julio Cesar Carrión, director del Centro Cultural de la UT y principal objeto de persecución.

Todo esto se ha traducido, como lo plantearon las voces de los participantes en la concentración, en medidas punitivas contra quienes han cuestionado la actual administración, su carácter corrupto y han propugnado por mejorar las condiciones académicas de la universidad; concretamente, se ha expresado en la apretura de procesos disciplinarios con perspectivas judiciales en aras de mitigar el descontento y el sinsabor frente al rumbo de la UT.

A todas luces, procedimientos como estos representan la incapacidad de la administración de Rivera por operar cambios que conduzcan a la UT por caminos diferentes a los que ha transitado. Ahora sólo falta la reforma del Estatuto Estudiantil –la cual ya se esta cocinando– para cerrar la tenaza contra las voces dicientes y críticas que pretenden una universidad radicalmente distinta a la que existe.

UNIVERSITARI@S: A RECHAZAR Y HUNDIR UNA NUEVA LEY NEOLIBERAL

Durante los días 20 y 21 de Agosto del presente año sesionó la primera reunión de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE). Encuentro que, de conformidad con sus objetivos, proyectó una agenda común de lucha contra la nueva Ley de Educación Superior y perfiló la construcción organizativa y programática de los estudiantes universitarios.

En las instalaciones de la Universidad Distrital francisco José de Caldas de Bogotá más de 600 estudiantes universitarios de la gran mayoría de universidades públicas y privadas del país discutieron y concretaron la ruta de acción del movimiento universitario para enfrentar y contrarrestar la nueva Ley de Educación Superior propuesta por Juan Manuel Santos, y, en general, las intensiones por consolidar la educación como un servicio.

El carácter lesivo de la propuesta de Santos, expresado en que consolidaría la educación superior como un servicio transable, concretamente en que abriría la posibilidad para que nuevas universidades (principalmente extranjeras) extraigan alguna ganancia a partir de la oferta y prestación del servicio educativo, articuló las visiones e intensiones de los participes del evento en torno a la necesidad de movilizar al estudiantado para rechazar y hundir la nueva Ley de Educación Superior del gobierno.

No obstante, la movilización no se limitará a contrarrestar la nueva Ley gubernamental, a su vez implicará la construcción de una propuesta de educación superior diferente a las tendencias que hoy predominan en este ámbito. Básicamente, una iniciativa que rescate el papel del Estado en su financiación total, perfile una verdadera autonomía universitaria, reivindique una educación de calidad, garantice la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo y favorezca las posibilidades de disidencia, critica y movilización de los estamentos universitarios.

Estas dos grandes banderas del movimiento estudiantil universitario serán desarrolladas a través de variadas acciones. Movilizaciones, asambleas universitarias y actividades de agitación harán parte de las iniciativas próximas de los universitarios. Todas en aras de involucrar al estudiantado a la lucha por contrarrestar la ola neoliberal en el ámbito educativo y allanar el camino hacia una nueva educación superior.


Por lo pronto, y de conformidad con las conclusiones de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, es menester enfilar los esfuerzos para preparar expresar un repudio contundente contra la nueva Ley de Educación Superior el próximo 7 de Septiembre a través de una movilización nacional al lado de la FECODE y los estudiantes de secundaria.

PARA NO NAUFRAGAR

El pasado 6 de Agosto, varios representantes estudiantiles pertenecientes a la AIRE (Asociación Ibaguereña de Representantes Estudiantiles) e integrantes de expresiones organizadas de los estudiantes de secundaria y voceros de organizaciones estudiantiles de la Universidad del Tolima se dieron cita para concretar variadas actividades que redundarán en el fortalecimiento de la asociación y la movilización estudiantil.

En medio de diferentes puntos de vista sobre las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria y su quehacer, la reunión perfiló algunas acciones pertinentes: interactuar con los representantes estudiantiles de los colegios de la ciudad en aras de integrarlos a AIRE, preparar una amplia reunión para abordar las problemáticas principales de los estudiantes y otras.

AIRE: un referente para la resistencia y la lucha

Aunque las acciones programadas hacen parte del fortalecimiento de la asociación, es indispensable comprender que este fortalecimiento, si se pretende efectivo, sólo es posible en tanto los actuales integrantes de AIRE y quienes orbitan a su alrededor hagan visible la situación actual del estudiantado de Ibagué y las razones por la cuales esta es así. A partir de este ejercicio, los personeros y demás representantes ampliarán su visión acerca de los problemas de los jóvenes en los colegios y será posible ganarlos para la asociación.

En este sentido, AIRE debe pensarse como un referente para la defensa de los intereses de los estudiantes y presentarse como tal; no puede constituirse en un mero punto de encuentro para realizar eventos o corear las actividades programadas por la alcaldía municipal; por el contario, debe convertirse en el faro de los estudiantes de secundaria con la capacidad de recoger su inconformidad y encausarla en función de mejorar su situación concreta y futura.

Entre el querer, el deber y el poder

Desafortunadamente, concebir la AIRE como un referente de resistencia y lucha implica sopesar lo inmediato con lo necesario. En correspondencia con su principio fundacional, la asociación surgió con el firme propósito de defender la educación pública. Por lo tanto, se supone que todas sus acciones deben orientarse en función de este propósito.

Pero, ¿Cómo hacerlo en este momento? Hoy por hoy, y junto a los problemas concretos de los jóvenes de los colegios, el actual gobierno pretende limitarles la posibilidad de acceder a la educación superior, en particular a la universidad publica. Entonces, ¿Por qué no pensar e involucrar a AIRE en la lucha contra la nueva ley de educación superior propuesta por el gobierno de Juan Manuel Santos?

Sin embargo, si AIRE vuelca su mirada hacia esta lucha, entonces ¿Qué pasará con las problemáticas concretas de los estudiantes de secundaria?

Es un problema difícil, el cual implica sopesar lo inmediato con lo necesario. En este caso lo inmediato es hacerle frente a las intensiones privatizadoras y mercantilizadotas del actual gobierno, y lo necesario es generar cambios que resultan los problemas concretos que tienen los estudiantes en el interior de cada colegio. ¿Cómo proceder?

Si la AIRE pretende defender la educación pública, entonces debe, en correspondencia con la necesidad de proyectarse como un referente de resistencia y lucha, desplegar una amplia labor en función de develar las causas por las cuales los estudiantes padecen ciertos inconvenientes. Por consiguiente, la asociación debe lanzarse a dialogar con los estudiantes sobre lo que ocurre en cada colegio, las razones por lo que esto pasa, los responsables y la posible soluciones.

En este marco, también debe insistir hondamente en las implicaciones que traería para los jóvenes de secundaria la aprobación de la nueva ley de educación superior, puntualmente porque les negaría, aún más, la posibilidad de acceder a la universidad.

En lo inmediato

En el marco de las exigencias que impone el momento y la necesidad de fortalecer la AIRE, las acciones definidas deben asumirse como un pretexto para ampliar el número de integrantes de la asociación e involucrarlos en las dinámicas de resistencia y lucha actuales. Concretamente, la AIRE debe ganar a más representantes para la construcción de un pliego de peticiones de los estudiantes de secundaria de Ibagué y para la lucha contra la reforma a la actual ley de educación superior.

ALLANANDO EL CAMINO

Una vez más, las pretensiones por privatizar la educación y convertirla en un negocio se convierten en una preocupación para los integrantes de las organizaciones estudiantiles que actúan en los colegios de la ciudad de Ibagué.

El pasado 27 de Julio, en el marco de un encuentro ameno e informal, esta inquietud fue el centro de atención. Sus participantes insistieron en la necesidad contrarrestar la crisis de la educación y la intentona privatizadora y mercantilizadora del gobierno de Juan Manuel Santos, por lo cual pusieron el acento en varias actividades que permita allanar el camino de la resistencia, la movilización y la lucha.

Entre las acciones más destacadas figura la convocatoria a una reunión de representantes estudiantiles el próximo 6 de Agosto, y el despliegue de una ardua actividad propagandística y de formación para esclarecer la situación actual de la educación y explicar las dimensiones del proyecto de reforma que la convierte en una fuente de ingresos para los prestadores del servicio.

Aunque otras acciones conforman el quehacer de las organizaciones estudiantiles, las anteriores son las más importantes, en tanto –según sus integrantes– contribuyen a forjar algunas condiciones para movilizar al estudiantado, resistir a las políticas del actual gobierno y contrarrestar sus actuales pretensiones.

ENCUENTRO NACIONAL DE COMUNIDADES CAMPESINAS, AFRODESCENDIENTES E INDÍGENAS POR LA TIERRA Y LA PAZ DE COLOMBIA

AL ESTUDIANTADO DE SECUNDARIA

Los estudiantes de secundaria, una vez más, son victimas de las medidas políticas y económicas aplicadas por los gobernantes de turno. En esta ocasión le corresponde a Juan Manuel Santos, quien a nombre de la “prosperidad para todos” pretende limitar, aún más, los derechos del pueblo colombiano, y, de paso, de los jóvenes que concurren en las distintas escuelas del país.

Sin derechos fundamentales

No es raro que aún persistan en los altos funcionarios del gobierno y el Estado pensamientos, actitudes y posiciones tendientes a anular derechos tales como el libre desarrollo de la personalidad, la libertad de conciencia, de cultos, expresión, asociación y manifestación. Ideas, actitudes y posiciones muy asociadas con la necesidad de formar a un joven sumiso, extremadamente obediente y dispuesto a aceptar, sin cuestionamiento alguno, el orden existente.

Por desgracia, en cada escuela se replica esto. Una buena parte de las profesoras y profesores, en la tarea de ejecutar ciegamente los dictámenes emitidos por el Ministerio de Educación Nacional (MEN), contribuyen a formar jóvenes callados, temerosos y poco aventureros; en últimas, autómatas, mano de obra medianamente calificada o, en suma, “cuerpos dóciles”.

Sin embargo, este proceso ocurre al calor de ciertos conflictos. El estudiantado, en algunas ocasiones, resiste y se niega. Por esto, emergen numerosas contradicciones entre los profesores, los coordinadores y los estudiantes, las cuales, y en la mayoría de los casos, se prolongan por mucho tiempo, y ocasionan resentimientos entre los actores escolares.

A este respecto, ¿Qué papel desempeñan los gobernantes y el Estado? Desafortunadamente son unos espectadores. Mientras se dedican a mirar cómo los unos riñen contra los otros, no hacen algo por mitigar los problemas; a lo sumo proponen medidas basadas en el uso de la violencia para atenuar los conflictos, las cuales terminan agudizándolos, mas no solucionándolos.

Y esta es la tendencia que ha predominado. La pugna emprendida por los estudiantes para desarrollar su personalidad libremente, por formarse un juicio propio capaz de dialogar con otros, por reivindicar un culto, por expresarse, asociarse y manifestarse data desde bien atrás. En 1994, desde que se aprobó la Ley General de Educación y se reglamentaron los manuales de convivencia, estas luchas no han cesado, por el contrario, persisten y se recrean a cada instante y en cada institución publica del país.

Educación para pocos

Ahora, y así como se han vulnerado algunos derechos fundamentales de los jóvenes en edad escolar, los gobiernos de las dos ultimas décadas han limitado el derecho a la educación. Desgraciadamente, Juan Manuel Santos pretende hacerlo todavía más.

Cesar Gaviria, presidente desde 1990 hasta 1994, pasando por Ernesto Samper y Andrés Pastrana, mandatarios entre 1994 y 2002, y Álvaro Uribe, gobernante desde 2002 hasta 2010, aplicaron y pusieron en marcha una serie de reformas que convirtieron el derecho a la educación garantizado por el Estado en un servicio ofrecido por algunas entidades privadas.

No obstante, los gobiernos han justificado estos cambios por cuanto han beneficiado a los más pobres. Y en efecto, ellos han sido los más favorecidos en tanto no pagan ciertos costos educativos (matricula), pero a lo largo del año escolar se ven obligados a aportar paulatinamente uno que otro dinero para el funcionamiento, adecuación o mejoramiento de la planta física de la institución educativa en la que se educan. Entonces, ¿Qué pasó con la gratuidad de la educación?

Y ni hablar de aquellos que pagan. Los estudiantes que no clasifican como pobres, porque no figuran en los estratos uno o dos, ven desperdiciados sus aportes, en tanto no redundan en el mejoramiento de la educación y su calidad. Por el contrario, representan una tabla de salvación para financiación de las instituciones educativas, y la complicidad inconsciente de los padres y acudientes en la desfinanciación de la educación publica por medio de su autofinanciación.

Con Juan Manuel Santos estas tendencias no cambiarán, por el contrario, se afianzarán. La propuesta del actual mandatario, a parte de seguir subsidiando a los más pobres y mantener ciertos costos para quienes tienen forma de pagar, es beneficiar a las instituciones educativas privadas con los dineros del Estado. Por esto, los colegios en concesión son importantes. A través de esta figura el Estado le otorgará a una entidad privada la posibilidad de ofrecer el servicio educativo.

De esta manera, la iniciativa del actual presidente sigue lo trazado en materia educativa y prolongará la crisis de la educación pública, limitando la posibilidad de acceso a la educación. Aquellos jóvenes que aspirarán y quieren a ingresar al sistema educativo verán frustrado su interés por la ausencia de los recursos necesarios para dedicarse a la actividad académica.

Los estudiantes tienen que involucrarse en la guerra

En el marco de la vulneración de los derechos fundamentales, los últimos gobiernos han insistido en comprometer a los estudiantes con la dinámica de la guerra. Por medio de los reclutamientos forzados y negándole a las personas no prestar el servicio militar, la Fuerzas Militares instan a involucrar a más y más jóvenes en la confrontación armada que ha caracterizado y vive el país.

Ante esto, uno que otro estudiante ha reivindicado la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio, es decir a negarse a actuar en contra de sus convicciones y creencias, las cuales le dictan no participar en la guerra. Sin embargo, el Estado se empeña en negar este derecho, especialmente porque los gobiernos han insistido en que la única solución al conflicto armado es la aniquilación de la insurgencia. Por esto, los jóvenes tienen que inmiscuirse, así no quieran, en las Fuerzas Militares.

Frente a un oscuro paisaje…

Todo lo anterior dibuja un panorama desastroso para los jóvenes. Paisaje signando por la vulneración de sus derechos fundamentales, más la imposibilidad de acceder a la educación pública; en últimas, opaco y desesperanzador.

Empero, los mismos estudiantes son quienes pueden transformar las condiciones oprobiosas en las que se encuentran. Por desgracia, sí actúan individualmente o aislados no obtendrán mayor logro. Sólo su organización y acción colectiva, conjunta y articulada contribuirá a la tarea de superar el quebrantamiento de derechos.

En este sentido, es oportuno que en cada colegio los estudiantes conformen comités por la defensa de sus derechos e intereses. Es decir, pequeñas organizaciones de estudiantes dedicadas a esclarecer las razones por las cuales el Estado viola sus derechos, y realizar acciones en función de su defensa.

JUNIO 8 Y 9. A PROPÓSITO DEL DÍA DEL ESTUDIANTE


La educación no se compra.
Mi derecho no se vende.
En los colegios también se lucha

La mayoría de los cronogramas de los Consejos Directivos de cada Institución Educativa contemplan el día del estudiante como una celebración, agasajo o fiesta, restándole el valor histórico que caracteriza esta fecha. Día que, por el contrario, debería reivindicarse como una conmemoración, pues “nadie celebra el asesinato de sus amigos o líderes”.

Desde este ultimo ángulo, una mirada al pasado nos remonta al año de 1929, concretamente a la ciudad de Bogotá cuando los estudiantes expresaban su voz de protesta contra el asesinato de más de 1000 trabajadores de la compañía United Fruit Company, o masacre de las bananeras. Masacre ocurrida un año atrás a manos de las fuerzas del orden y con la complicidad de la empresa, mientras sus obreros exigían condiciones laborales dignas. En el marco de esta manifestación estudiantil, fue asesinado Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de la Universidad Nacional de Colombia, y primer mártir del movimiento estudiantil colombiano.

25 años más tarde, durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, los estudiantes –el 8 de Junio de 1954– salieron a expresar su descontento por los rumbos que tomaba el país, y a conmemorar el asesinato de Bravo Pérez. Desafortunadamente, la policía disuelve la manifestación en la entrada de la Universidad Nacional, asesinando a Uriel Gutiérrez. Ante este acontecimiento, el estudiantado marchó a la mañana siguiente, y, de nuevo, fueron dispersados. En esta ocasión, la participación del Batallón Colombia fue determinante, por cuanto apelaron al fuego de sus armas, lo cual dejó un saldo catastrófico para el movimiento estudiantil: más de una decena de estudiantes fueron asesinados.

Como lo podemos apreciar, el día del estudiante es una fecha funesta, no una fecha de fiesta, caracterizada por el persistente ejercicio de la violencia por parte de los gobernantes de turno, especialmente por su incapacidad para sostener y recrear un orden democrático en el cual la voz del pueblo, expresada en sus estudiantes, no sea acallada y sometida al silencio permanente.

En este sentido, reivindicamos el 8 y 9 de Junio como una fecha para rescatar el acervo de resistencia y lucha que ha definido al estudiantado. No son unos días para festejar, hacer folkloritos o bazares; por el contario, deben ser un pretexto para fortalecer nuestra capacidad de liderazgo, nuestras expresiones organizadas, y exaltar la defensa de nuestros derechos e interés; en síntesis, para levantar una sola voz contra la injusticia de nuestros gobernantes y el Estado.

Ahora, y con motivo al próximo 8 de Junio, los invitamos, frente al colegio San Simón a las 9:00 am, a conmemorar el día del estudiante; concretamente los invitamos a un espacio de encuentro en el cual rescataremos la historia y proyectaremos los futuros caminos de lucha de los estudiantes de secundaria de Ibagué. Lucha que se debe perfilar por el sendero de la consolidación de un frente amplio en defensa de los derechos estudiantiles y por una educación pública. En este ultimo caso, una educación que permita el progreso y desarrollo de la ciencia y la tecnología, una educación crítica que forme hombres de principios y deseo de cambio frente a los fenómenos de silencio que se presentan en una patria que se dice democrática.

Asociación Ibaguereña de Representantes Estudiantiles (AIRE)
Organización Colombiana de Estudiantes (OCE)
Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria (ANDES)
Agencia Estudiantil de Prensa (AEP)