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CARTA ABIERTA A LOS CANDIDATOS A LAS REPRESENTACIONES ESTUDIANTILES DE LA UT


Compañeros:

Somos una corriente de opinión integrada por estudiantes de la universidad y, a su vez, una organización estudiantil vinculada a la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU-Colombia). Nuestro trabajo se ha expresado en el desarrollo de apuestas periodísticas y comunicativas tendientes a brindar otra mirada acerca de la realidad, así como a impulsar en la UT las orientaciones de la FEU-Colombia, desarrollando iniciativas que correspondan a la situación de la universidad.

Nos dirigimos a ustedes con motivo al proceso que protagonizarán próximamente. Como bien lo saben, ustedes han tomado la determinación de disputarse la representación del estudiantado ante los consejos de algunas facultades de la universidad y ante los Consejos Académico y Superior; es decir, han tomado la decisión de poner en la palestra pública sus nombres, trayectoria académica y reputación para que el estudiantado los elija como su representación ante estos organismos.

Y como ya están desempeñando un rol adicional al de estudiante: hoy son candidatos a una representación, creemos oportuno subrayar que la empresa en la que se embarcaron debe significar –por encima de sus intereses personales o de su filiación política– un rédito para el estudiantado. Aunque un lugar en un Consejo de Facultad un Académico o un Superior –a nuestro criterio– no va a representar la solución a los problemas de los estudiantes y muchos menos de la universidad, si creemos que el papel que les corresponde desempeñar, incluso desde el momento de la campaña, debe ser totalmente decoroso y en sintonía con la solución de los problemas más agudos del estudiantado y de la universidad.

Por esta razón, los convocamos a trabajar de manera mancomunada desde el momento en que salgan elegidos como representantes. Desde nuestro ángulo, los estudiantes que integran los diferentes consejos no deben andar cada uno por su lado, si realmente aspiran a “representar” a los estudiantes y sus intereses. En este sentido, creemos totalmente oportuno que desde el día en que la universidad haga públicos los resultados de las elecciones, los estudiantes elegidos conformen una coordinadora de representantes estudiantiles que funcione permanentemente como un escenario de articulación, estudio y elaboración política.

Igualmente, llamamos a que cada candidato incorpore dentro de su futuro accionar (de llegar a ser representante estudiantil), las tareas programadas por el movimiento estudiantil universitario. Teniendo en cuenta que la educación superior y la universidad pública están frente a graves amenazas, consideramos que entre todos deben hacer un esfuerzo conjunto por encarar las afrentas contra la universidad. Por ejemplo, hoy requerimos el esfuerzo de todos por visibilizar las implicaciones de la Ley de Inspección y Vigilancia aprobada en diciembre del año pasado, necesitamos un accionar articulado de cara a la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo (PND), el cual es nocivo para la educación superior, y urgimos de una movilización permanente contra la gobernación, porque insiste en desfinanciar la UT.

Por ultimo, y atendiendo al animo unitario que esperamos transmitirles, el accionar de todos también nos debe permitir repensar la reglamentación de la universidad frente a la participación del estudiantado en la toma de decisiones. Desde nuestra perspectiva, los convocamos a promover la derogación, construcción y elaboración de una propuesta de una nueva reglamentación que dinamice y amplíe la participación política del estudiantado de la Universidad del Tolima, ya que los mecanismos actualmente existentes limitan la incidencia de los estudiantes en las decisiones transcendentales de la universidad y las facultades; en otras palabras, los invitamos a que conjuntamente y desde las representaciones impulsemos un proceso de construcción de nuevos mecanismos de participación, toma de decisiones e incidencia en la institucionalidad universitaria, el cual desemboque en una nueva reglamentación, en un consejo estudiantil o similar y en nuevos canales de entendimiento con las dependencias universitarias. Agradecemos la atención prestada y estaremos pendientes a sus respuestas, criticas y aportes.

Fraternalmente:

AGENCIA ESTUDIANTIL DE PRENSA (AEP) FEDERACIÓN DE ESTUDIANTIL UNIVERSITARIOS (FEU-COLOMBIA)

Su-vErsiÓn-Es: LA VOZ DE QUIENES NO HAN TENIDO VOZ

En el afán de brindarle a los jóvenes de Ibagué un medio a su servicio, tres generaciones nos dimos a la tarea de inventarnos una excusa para visibilizar sus miradas, percepciones, concepciones… sus versiones


Como propuesta radial, nos dimos a la tarea de inventarnos un pretexto para que quienes nunca han sido escuchados, por el contrario han sido perseguidos, estigmatizados y hasta violentados, nos encontremos con el fin de hilar un dialogo sobre esas cosas que no hablan los medios oficiales o refieren de forma tendenciosa. La idea –según nuestra cabeza– es explorar temas y problemas velados o tergiversados, convocando a los involucrados o a quienes tienen miradas diferentes sobre estos procurando hablar sin tapujos, ediciones y restricciones. En otras palabras, le apostamos a rasgar todos esos velos que han puesto en las mentes de las gentes, los cuales les impide ver, entender y comprender la existencia de la diferencia en nuestra ciudad.

La palabra de los otros, en este sentido, es determinante y fundamental. Sin su presencia y voz, creemos que nos es imposible construir nuevas versiones acerca de la realidad. Por lo tanto, insistimos permanentemente en propiciar una charla amena y cordial, la cual se exprese por los micrófonos del programa y cuyos protagonistas sean nuestros invitados muy en correspondencia con nuestra pretensión: constituirnos en la voz de quienes no han tenido voz.

Nos vemos todos los sábados de 9:00 a 10:00 am por Tu Radio, la Radio de la UT.

SIN PARTICIPACIÓN E INCIDENCIA, UNA UNIVERSIDAD NO ES AUTÓNOMA


La universidad pública, durante las dos últimas décadas, ha tenido que sufrir los vejámenes impuestos por la Ley 30 de 1992. El resquebrajamiento su misión última: la búsqueda permanente del conocimiento, es un solo una muestra, por cuanto la Ley le ha apuntado a convertir la universidad pública en un negocio y no en un espacio desde el cual se pretende permanentemente el saber.

La Universidad del Tolima, en este marco, no ha sido la excepción. En los últimos años su comunidad estudiantil ha sido protagónica al elevar un reiterado malestar al respecto, pues ha sido –en varias oportunidades– relegada aun segundo plano en la búsqueda del conocimiento. En otras palabras, la posibilidad de la que gozan el estudiantado de integrar un cuerpo autónomo, el cual tiene la posibilidad de autogobernarse en algunos aspectos y en especial en la pretensión del saber, ha sido desconocida y menospreciada con el pasar de los años.

El ejemplo más cercano se expresa en la imposibilidad que tienen los estudiantes de incidir en el curso de la universidad. Se supone que el estatuto general y el estatuto estudiantil, normas rectoras en la UT, establecen mecanismos para garantizar que los estamentos y, en particular, los estudiantes influyan en el rumbo de la universidad. Sin embargo, y con el pasar de los años, estos mecanismos se han tornado cada veza más obsoletos, por cuanto profundizan el divorcio entre los estudiantes del común y quienes deberían ser su voz en los organismos académico-administrativos de la UT. Por lo tanto, la posibilidad de incidir notablemente en las decisiones trascendentales de la universidad se frustra.

Junto a esto, el oportunismo acompañado de prácticas corruptas, fraudulentas y clientelares, han viciado la posibilidad del estudiantado para influir en el curso de la universidad. El esquema de democracia representativa impuesto por la Ley 30 y las normas rectoras de la UT, a parte de generar un divorcio entre los estudiantes, ha impregnado de vicios la posibilidad de pensar la universidad como un proyecto académico, científico y en función de la sociedad. Incluso, la participación de los estudiantes en la elección de las autoridades universitarias ha estado medida por clientelas engordadas con favores y privilegios académicos, así como con promesas y apoyos monetarios a cuanto proyecto aparezca. En este sentido, la posibilidad de recrear el ejercicio de la autonomía universitaria se torna muy lejano.

En estas condiciones, es necesario superar los esquemas de participación e incidencia actualmente existentes y diseñar unos nuevos. Como los estudiantes no pueden seguir siendo meros espectadores de la cotidianidad de la universidad, es necesario desatar una fuerza transformadora orientada a cambiar las normas existentes que limitan la ingerencia de los estudiantes en la vida universitaria, como también orientada a construir unos nuevos mecanismos que garanticen de la influencia del estudiantado en el curso de la UT.

Los estudiantes de la universidad de Córdoba en 1818 fundaron las bases de una universidad moderna y esencialmente autónoma. El estudiantado de la Universidad del Tolima no puede ser inferior a esta premisa y le corresponderá revitalizar la autonomía mancillada por la Ley 30 y demás medidas implementadas por Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, promoviendo nuevos mecanismos de participación, influencia y toma de decisiones en aspectos centrales para la búsqueda permanente del conocimiento desde la UT.

LA SIMPLE SUSCRIPCIÓN DE UNOS ACUERDOS NO VA PRODUCIR UN CAMBIO EN LAS POLÍTICAS GUBERNAMENTALES

La superación de las causas originarias de los levantamientos armados en Colombia, así como la posibilidad de operar un cambio en las políticas gubernamentales de cara a la construcción de una paz con justicia social, no dependerá exclusivamente de los acuerdos que se logren entre el gobierno nacional y las FARC-EP, sino “de un movimiento social y político que respalde lo que se está acordando” y presione el cambio, así lo afirmó a la AEP el profesor e investigador Jairo Estrada Álvarez en el marco de su visita a la Universidad del Tolima y la inauguración del séptimo ciclo de la Cátedra Libre: temas y problemas de nuestro tiempo.

Jairo Estrada Álvarez, profesor, investigador e integrante de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Victimas (CHCV) creada por la mesa de conversaciones de La Habana. Foto: AEP.

Sin titubeos, profesor Jairo fue enfático al señalar que los verdaderos alcances del proceso de paz en curso entre el gobierno nacional y las FARC-EP dependerán de la capacidad del pueblo para cohesionarse y ejercer un tipo de presión que conduzca a la concreción de un acuerdo de paz, así como salde las deudas eternas que han tenido las clases dominantes con las clases subalternas; de no ser así, se asistiría a “una revolución pasiva o a un cambio para que todo siga igual”. En este sentido el dialogo y los acuerdos entre el gobierno y la insurgencia de las FARC-EP –dice el profesor– entrañan una potencia dinamizadora y transformadora que podrá expresarse plenamente desde que exista una apropiación social del proceso que se adelanta en Cuba.

A propósito de la potencia transformadora de los diálogos de paz, Jairo Estada ubicó su pertenencia de desatar tal potencial en el momento actual, por cuanto el gobierno insiste en transitar en contravía de lo pactado en La Habana. Como los “diseños del Plan Nacional de Desarrollo –siguiendo al profesor Jairo– apuntan a reforzar el modelo económico neoliberal, a reforzar el enfoque extractivisa (…) a dar continuidad de las políticas de mercantilización en diversos ámbitos de la vida social”, es perentorio que el movimiento social y popular colombiano asuma el momento actual como un campo en disputa, es decir como un escenario en el que está en juego la posibilidad de detener el proyecto económico de las clases dominantes e instaurar unos cambios. Por lo tanto, la acción mancomunada de las diferentes fuerzas sociales y políticas actuantes en el país son la garantía de un acuerdo garante de la paz estable y duradera y de una transformación en el orden económico y político.

En aras de corresponder a este cometido, el profesor Estrada también fue incisivo en que la potencia transformadora que eventualmente desate los diálogos de paz deberá canalizarse en un proceso constituyente. Desde su punto de vista, “en el país hay múltiples dinámicas constituyentes que han resultado y que han estado articuladas con movilizaciones sociales y populares importantes (…) Incluso, los diálogos de La Habana son expresivos de una dinámica constituyente, por cuanto allí está resultado un nuevo derecho inherente a las negociaciones entre las partes”; sin embargo, transitan trayectorias separadas que, si se encuentran, gestarían un proceso de transformación del orden constitucional, el cual y por obvias razones debe converger en una Asamblea Nacional Constituyente.

En definitiva, la mirada del profesor Estrada nos invitó a rodear el dialogo que se teje en La Habana, documentándonos y forjando un torrente social y político capaz de empujar los cambios que allí se están gestando, pero también capaz de profundizarlos hasta lograr una transformación sustancial de la constitución y la leyes existentes.

CONVOCATORIA | COLABORA CON LA AEP


En desarrollo del proyecto Reconstruyendo la memoria: 60 años de historias no contadas sobre el activismo estudiantil en la Universidad del Tolima, requerimos de estudiantes dispuestos a colaborar con su ejecución, aportando su ingenio y pluma creativa.

Perfil: necesitamos estudiantes activos de la UT a quienes se les facilite relacionarse con otras personas y estén dispuestos a entrevistar, fotografiar, filmar y componer textos escritos. No importa el programa académico que actualmente curse

Disponibilidad necesaria: 4 horas semanales durante 6 semanas

Fecha limite de la convocatoria: 23 de marzo de 2015

Resumen del proyecto: con motivo al 60º aniversario de la Universidad del Tolima, la comunidad de la UT volverá sobre el papel desempañado por los rectores, su crisis, los desafíos que impone la situación política actual y el “postconflicto”, omitiendo otros elementos que –muy probablemente– serán subestimados o ignorados. Por esta razón, desde la Agencia Estudiantil de Prensa (AEP) pretendemos explorar los eventos más significativos del activismo estudiantil en la universidad en el marco de sus 60 años de funcionamiento, como un aporte a la reflexión que brotará al respecto. En aras de lograrlo, desde la AEP presupuestamos desarrollar un trabajo periodístico, especialmente de contextualización, dialogo y sistematización de los principales episodios que marcaron el activismo estudiantil en la UT. La finalidad: proporcionar varias versiones consultables que constituyan puntos de referencia para abordar un tema tan dispendioso como el relativo a la historia de los movimientos estudiantiles.

Los interesados, por favor enviarnos un mensaje al perfil de la Agencia Estudiantil de Prensa (AEP) en Facebook.

EN RELACIÓN CON LO OCURRIDO EN CAJAMARCA: ¡SÓLO EL PUEBLO ES SOBERANO!

Escrito por Jairo Rivera Morales

Audiencia pública en el municipio de Cajamarca: las gentes exigieron consulta popular. Foto: AEP.

Alguna vez, el escéptico publicista norteamericano Henry Louis Mencken, escribió: “La Democracia es el arte de manejar el circo desde la jaula de los simios”. Tenía razón. Así ha sido, hasta ahora, el (in)suceso democrático en el seno de la “Civilización Occidental”. Ha habido demócratas pero no Democracia.

Sociedades antiguas –como la romana anterior al Imperio, es decir la del tiempo de la república–, en las que se pretendió poner en práctica procedimientos democráticos, eran esclavistas; no cabría, por tanto, referirse a ellas como Democracias. No podemos aceptar que se denomine ‘Democracia’ a una sociedad de Castas o a un ordenamiento estamental que en la práctica consagra para ciertos estratos el monopolio del gobierno mientras reduce a otros, por la fuerza, a padecer gobiernos erigidos sobre el privilegio. Pero los romanos que podían participar en los debates del Foro tenían más acceso a las decisiones políticas del Estado que los ciudadanos de hoy, arropados por inocuas o inicuas prácticas de la “Democracia Capitalista”. En el Foro se tomaban las grandes decisiones como ir a la guerra o retirarse de ella; y los acuerdos de aquel colectivo tenían mayor incidencia que los dictados del Senado.

El argumento planteado por el autor de ‘El contrato social’, frente al carácter democrático de leyes promulgadas en espacios de “representación”, desplazó el quehacer político de los albores de la modernidad hacia al vetusto debate entre Democracia Directa y Democracia Representativa. La conclusión de Rousseau fue contundente e inequívoca: “La soberanía popular es indelegable”.

Aquí y ahora, este incipiente plumígrafo manifiesta su total acuerdo con el genial ginebrino. Desconozco las bondades del régimen parlamentario. Fui Concejal, Diputado, Representante a la Cámara y Senador de la República y tengo bien claro para qué sirven y para qué no sirven los llamados “cuerpos colegiados de la nación”. Sirven para denunciar inconveniencias, desarreglos e insucesos; para ejercer –de manera demasiado limitada– algunas formas de control político; para conocer los meandros del llamado “gasto público”; para que los voceros del pueblo puedan mejorar su estatus; para que los retóricos cobren su premio de palabrería. No sirven para transformar a fondo instituciones obsoletas, ni para controlar la corrupción, ni para legislar en concordancia con los intereses de la nación, ni para plasmar normas generales que consoliden el pacto social, ni para hacer prevalecer el interés general sobre el particular. En síntesis, dichos cuerpos colegiados sirven como fachada democrática a gobiernos que no son “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”; y no sirven para consagrar la voz del pueblo como díctum, aunque aquella voz –de vez en cuando sea oída en los estrados parlamentarios.

Lo que he querido significar en estos breves párrafos proviene del estupor que me depara lo acontecido hace pocos días en Cajamarca. Allí, en tan pujante y feraz tierra denominada “la despensa del Tolima”, la voluntad del pueblo, manifestada la víspera en multitudinaria marcha, fue birlada de manera flagrante y en materia grave por los “delegatarios de la voluntad general”, los concejales municipales. Ya lo hemos leído, releído analizado y relatado. Pero no sobra repetirlo:

“Poderoso señor es Don Dinero”, escribió Don Francisco de Quevedo... Los concejales de Cajamarca –¡todos menos uno! –, después de un viaje apresurado a la capital del departamento para “ultimar detalles relacionados con el cumplimiento de sus funciones”, regresaron a su patria chica a votar el proyecto de Acuerdo de convocatoria de la Consulta Popular en la cual los cajamarcunos deberían votar –afirmativa o negativamente– la siguiente pregunta:

“¿Está usted de acuerdo con que en Cajamarca se ejecuten actividades que impliquen contaminación del suelo, aire, pérdida o contaminación de fuentes hídricas, afectación de la salud de la población o afectación de la vocación agropecuaria y turística del municipio con motivo de proyectos mineros?”.

Y, los muy bribones, protagonizaron la más espectacular huida democrática: Huyeron de si mismos y de los suyos, atentando contra el ambiente, envileciendo su mandato y traicionando a la comunidad. En medio de los apremios de la mayor “fuga hacia la nada vestida de prebenda” de que se tenga noticia en el Tolima, no alcanzaron a organizar el equipaje ni a “proteger” bártulos y enseres: ¡Por las ranuras de sus bolsillos se asomaban las puntas de los cheques de la AngloGold Ashantti!

Las declaraciones del gobernador Luis Carlos Delgado Peñón lamentando este acontecer tan sórdido me han parecido no solo procedentes sino consecuentes. Constituyen una invocación a la Democracia Participativa, a la Democracia Directa, por cuya realización luchó y murió Jorge Eliécer Gaitán.

Al Concejal Gerardo Arciniegas, quien al momento de votar el proyecto no pensó “¿cómo voy yo?”, sino “¿cómo va Cajamarca, ¿cómo va el Tolima, cómo va la Patria?”, quiero decirle, desde la distancia: Viajaré pronto a Cajamarca para redactar, sobre el terreno, una Crónica sobre la gestación y los pormenores de tan vergonzoso estropicio; y para estrechar su mano, sabiendo que en el momento en que lo haga le estaré ofreciendo la mía a un cajamarcuno lleno de entereza, de consecuencia y de coraje; a un tolimense que honra el ejemplo patricio de quienes nos instan desde la historia a no negociar la consciencia ni el paisaje; a un colombiano íntegro que “ni se compra ni se vende”.

Cuando lo haga, repetiré ante él y los suyos esta frase, precisamente pronunciada por Gaitán: “¡Más vale una bandera altiva y solitaria sobre una cumbre limpia que cien banderas tendidas sobre el lodo!”.

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED. EL CASO DE JESYD TOLE

Jesyd Tole. Foto: AEP.

Apenas arrancaba el mes de diciembre de 2014, cuando a la casa de Jesyd Tole llegó el anuncio más ingrato que alguien podía recibir en una fecha como esa. No se trataba del corte del servicio de energía ni de un embargo, mucho menos tenía que ver con la expropiación de su predio por no venderlo a una empresa privada que pretende su subsuelo; se trataba de un ultimátum contra su vida.

Con 59 años a cuestas, Jesyd vivió arraigado a la vida rural. Antes de salir de su adorado Limón, uno de los corregimientos del municipio de Chaparral-Tolima, solía charlar con quien se le cruzara en su camino, acostumbraba a departir en el mercado o las tiendas del corregimiento sobre los problemas del municipio o simplemente se dedicaba a saludar a quien se encontrara a su paso; incluso, en el taller de ebanistería en el que siempre trabajó y del cual sostuvo durante mucho tiempo a su familia, acostumbró a ofrecer un trato amable hacia su clientes y amigos. Ahora que se encuentra en una urbe en crecimiento traumático, lejos de su terruño, los únicos con quien más comparte son con sus familiares, porque sus vecinos son totalmente diferentes a los de su añorado Limón.

El cambio de familiares, vecinos y trabajo, porque Jesyd ya no es ebanista sino desempleado, no fue voluntario. El papel desempeñado como defensor de Derechos Humanos y opositor al proyecto hidroeléctrico sobre el río Ambéima, lo convirtió en una piedra en el zapato para los enemigos de la justicia social, quienes de un día para otro trastornaron la vida de un simple trabajador rural comprometido con la defensa de su gente.

“Estaba apunto de iniciar las noticias de la noche cuando golpearon la puerta de mi casa –dice Jesyd–. Eran dos muchachos, uno más o menos de unos 19 o 20 años y otro de unos 25 o 26, quienes preguntaron por mí. A la pregunta que me hicieron respondí: con él tratan. Ellos me miraron y me dijeron que si estimaba la vida tenía que desocupar la zona. Yo les pregunté que por qué razón y que de parte de quién; sin embargo, ellos añadieron: tómelo como quiera, nosotros sencillamente le traemos esa razón”.

Ante una visita como esta, Jesyd quedó perplejo. Mientras miraba cómo el par de muchachos daban vuelta, se retiraban, montaban una moto que tenían estacionada muy cerca de su casa y tomaban la ruta hacia Chaparral, una sensación de impotencia lo invadió acompañada de una zozobra creciente que se extendió durante los días siguientes.

Según Jesyd, los días que siguieron a este episodio, estuvieron marcados por una inseguridad tremenda: “cualquier persona extraña que veía me causaba miedo”; es decir, le generaban una sensación de desespero al no saber si llegaban al pueblo a hacerle algo. Por esta razón, y a los pocos días del anuncio prefirió dejar su casa, el taller de ebanistería, sus amistades, el querido Limón y la lucha en contra el proyecto hidroeléctrico, porque “me vi en la necesidad de salir: estaba afectado psicológicamente” –dice él–.

Por fortuna, en Ibagué encontró un rincón para pasar la navidad y el año nuevo. Aunque no lo hizo con la misma alegría que lo había hecho en otras oportunidades, pudo compartir con sus familiares, darse un respiro de aire citadino y rearmar las fichas para insistir en la lucha por una vida digna. Hoy, de la mano de ASTRACATOL, empuja puertas visibilizando su caso y exigiéndole al Estado que intervenga en aras de garantizarle sus derechos como expulsado de un territorio y perseguido por las fuerzas contrarias a la justicia social.

JAMES JORDAN: “SÍ EXISTIMOS AQUÍ EN LA PANZA DE LA BESTIA IMPERIAL”

James Jordan. Foto: archivo personal.
Cuando era estudiante y joven obrero en el sur este de los EE.UU, durante las décadas del 60 y 70, James Jordan incorporó a su vida la solidaridad permanente con las causas sociales y políticas de los sectores menos favorecidos. Gracias a la influencia de su padre, quien fue un opositor al racismo, Jordan se desenvolvió como activista en contra del Apartheid en Sudáfrica y a favor del movimiento ambientalista y anti-guerra. En 1985 se convirtió en comunista mientras laboraba como obrero junto a un equipo de jardineros, siendo la mayoría de sus compañeros mexicanos, y de quienes aprendió lo que sabe de español. Actualmente es sindicalista y lucha por los derechos de los obreros, incluyendo los inmigrantes indocumentados; adicionalmente, es uno de los coordinadores Nacionales de la Alianza por la Justicia Global, organización desde la cual desarrolla proyectos de solidaridad con Colombia, el Proyecto de Eco-Solidaridad nuestras esfuerzas en contra el "imperialismo carcelario" y el Proyecto de Respeto por la Democracia.

Vale la pena señalar que la Alianza por la Justicia Global es una organización comprometida con la lucha anti-imperialista en todo el mundo, enfocada especialmente en América Latina; fue fundada en 1998 como producto de un proceso de solidaridad con Nicaragua que se gestó antes de la revolución de 1979. Por su carácter solidario e internacionalista, contribuyó a la creación de la coalición más grande en oposición a las guerras contra Irak y Afganistán.

James Jordan en calidad de coordinador de la Alianza por la Justicia Global ha centrado su trabajo solidario en Colombia, visibilizando la situación de persecución del movimiento campesino, solidarizándose con los prisioneros políticos y denunciando su situación carcelaria. Como resultado de todo esto, James ha publicado informes, ha hecho visitas y comparte permanentemente sus preocupaciones con los compañeros de su organización.

Con motivo a un intercambio que sostuvimos con James, producto de una de sus visitas a Colombia, y después de estrechar nuestros vínculos, conversamos detenidamente con el sobre varios temas claves.

1. ¿Qué percepción tiene de Colombia?

Para mí y mi organización, la Alianza por la Justicia Global, consideramos que Colombia es una llave para el hemisferio y para el mundo; es una llave que puede abrir dos puertas: la puerta a la liberación, la paz y la justicia, o la puerta al Imperio, la guerra y la represión. Por su posición geográfica, sus riquezas naturales y su historia con movimientos fuertes de la izquierda, pero también, por desgracia, de derecha, lo que pasa en Colombia tiene repercusiones grandes en el mundo. En este momento, el gobierno estadounidense y las corporaciones transnacionales promueven a Colombia como un socio del imperialismo, la han vinculado como integrante de la OTAN y, por el acuerdo de seguridad firmado en 2012 entre los EE.UU. y Colombia, las tropas colombianas han patrullado con EE.UU. en las costas de Centroamérica y el Oeste de África. Además, Colombia ha dado formación a miles de integrantes de las fuerzas armadas, de la policía y de los oficiales de las cárceles de países como México, Honduras, hasta Afganistán en cooperación con los diseños estadounidenses. Por otra parte, Colombia tiene un movimiento popular muy fuerte y creemos que si este movimiento llega al poder, no únicamente lograrían la paz, justicia y su liberación, sino que se abriría paso a la liberación de todas las Américas y del mundo entero.

Especialmente, creo que Colombia es de vital importancia con respecto a otros dos países igualmente importantes para el hemisferio y el mundo: Venezuela y México. Colombia puede ser una vía de desestabilización de Venezuela o podría ser unos aliados poderosos: juntos podrían llevar a toda Latinoamérica a la liberación del imperio. Con respecto a México, es importante recordar que también es un país de riquezas naturales y de movimientos populares y de izquierda histórica. En este momento, la mitad de toda la formación internacional militar y policial ofrecida por Colombia está siendo destinada a México. Si Colombia y México juntos logran el poder popular, todo el mundo cambiaría; sería un golpe contra el poder imperial, que también nos afectaría a nosotros como estadounidenses; iniciaría una etapa de liberación de mi propio país, con nuestros recursos enfocados en las necesidades del pueblo y no en la propagación del Imperio.

Quiero decir también que más allá de los movimientos políticos y las luchas para la liberación, mi percepción de Colombia es que es un país de una naturaleza bellísima y una nación que le ha dado al mundo ritmos y música propios de su gente, literatura, arte, agricultura, café, frutas, carisma, amabilidad, cultura, riquezas ancestrales como oro y esmeraldas, flores, moda, preservación de las costumbres y tradiciones culturales, turismo, entre otras.

2. Desde la década del 80, Colombia ha sido sometida a las definiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Desde su punto de vista, ¿Qué implicaciones ha traído esta subordinación para Colombia y qué beneficios le ha significado a los norteamericanos?

Necesitamos otro tipo de instituciones alternativas al FMI y al BM, por esto aplaudo los esfuerzos de algunos países suramericanos para establecer opciones alternativas como el Banco del Sur y el ALBA. El FMI y el BM tienen historias largas de servicio al neoliberalismo. Con respecto a los beneficios para los norteamericanos, pues, puedo decir que el FMI y el BM no benefician al pueblo norteamericano sino a los ricos. Para los obreros, campesinos, comunidades oprimidas y los pobres de mi país, el FMI y el BM solamente son herramientas de represión para el mundo, no representan los intereses del pueblo estadounidense, pero benefician mucho el 1%, “the filthy rich”, es decir los asquerosamente ricos. Existe un movimiento popular aquí en contra el poder de los bancos, es una lucha que debemos continuar.

3. ¿Qué opina de la cooperación y la presencia militar norteamericana en Colombia?

Es una violación a la soberanía colombiana. Con respecto a Colombia, lo que quiere el imperio es convertirlo en una avanzada de las fuerzas militares estadounidenses. Como ciudadano de los EE.UU., creo que la presencia del militar estadounidense en Colombia o en cualquier rincón del mundo es un robo a los trabajadores estadounidenses. Mientras que mi país gasta tanto dinero destinando recursos hacia las fuerzas armadas, las cárceles, la maquinaria de guerra y la represión mundial, nuestras escuelas están superpobladas y son de mala calidad (a diferencia de las escuelas de las comunidades ricas), la infraestructura de las autopistas, las calles de nuestras ciudades y puentes requieren de inversión para mantenimiento y reparación; se requiere de inversión para crear un programa de empleo nacional; y, nuestros ecosistemas necesitan cuidado después de décadas de degradación.

James Jordan. Foto: archivo personal.

4. El gobierno colombiano firmó un Tratado de Libre Comercio con EE.UU., ¿Qué piensa sobre este acuerdo?

Es un fracaso. Como consecuencia del TLC, se llegará a la destrucción del agro y el campesinado Colombiano y también estadounidense. El TLC no garantiza el beneficio de los pequeños productores quienes deben competir con los grandes productores agrarios. Los que realmente se benefician de estos tratados son los grandes productores y las corporaciones transnacionales. Otras consecuencias del TLC, es el aumento del desempleo, sueldos bajos, ataques anti-sindicalistas, amenazas ambientales y la consolidación de recursos y ganancias en las manos del 1%.

5. Los medios de información colombianos han dibujado a EE.UU. como un país ejemplar en términos de gobierno, política social y modelo económico. ¿Qué tan cierto es eso?

Lo que la prensa corporativa de los EE.UU. no quiere informar al mundo es la realidad en las calles y en el campo. La realidad aquí es que la grieta entre ricos y pobres crece cada día más, las garantías para los obreros disminuyen, los derechos de los sindicatos se están viendo amenazados, nuestros ecosistemas y el ambiente entero se están muriendo, así como la calidad de la educación padece. En lugar de escuelas, construimos cárceles, tenemos la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, incluyendo prisioneros y prisioneras políticas. Tenemos 700,000 internos más que lo que tiene todo China, ya que China posee cuatro veces la población de los EE.UU. Tenemos más de 80,000 internos condenados al confinamiento solitario.

La realidad es que en este país el racismo y la discriminación continua, y es más probable que un Africano-Estadounidense vaya a la cárcel que a la universidad. Miles de inmigrantes sin documentos mueren en nuestros desiertos buscando empleo a causa de la migración forzada, migración que es el resultado de las políticas estadounidenses y neoliberales y, en particular, de los Tratados de Libre Comercio de America del Norte y de Centroamérica que han diezmado a las comunidades rurales de estas regiones. Mientras tanto, una persona Latina, ciudadana o no, puede ser racialmente detenida sin causa y cuestionada sobre su estatus inmigratorio.

La realidad aquí es que con un 5% de la población mundial, los EE.UU. usa el 25% de los recursos energéticos. Somos productores del 50% de residuos sólidos y producimos más gases invernaderos per-cápita que cualquier otro país en el mundo. ¿Este constituye un modelo sostenible para el mundo? Creo que no… Es un modelo para la desigualdad y la ruina.

En términos de gobierno y política, tampoco somos modelo. Nuestro gobierno es dominado por los ricos y sus sirvientes. Dicen que en los EE.UU. tenemos un sistema de “una persona, un voto”: es una mentira. Nuestro sistema electoral realmente es “un dólar, un voto”. Las elecciones son compradas y dominadas por los dos partidos mayores –partidos de los ricos– y no hay garantías ni oportunidades suficientes para la participación política de los obreros, estudiantes, campesinos, ni las etnicidades oprimidas en las elecciones. Sí, muchos de nosotros, incluyéndome, participamos en la lucha electoral. Por ejemplo, mi representativo en el Congreso estadounidense, Raúl Grijalva, es hijo de un inmigrante mexicano, es un veterano de los movimientos Chicanos de los setentas y es muy opuesto a las políticas de guerra; pero es la excepción no la regla. También hemos ganado algunas batallas contra la extrema derecha, y aunque es muy difícil la tarea de crear un partido alternativo que represente a los trabajadores y sus allegados, es una tarea que no podemos dejar a un lado.

6. Actualmente, el gobierno colombiano y las FARC-EP adelantan unos diálogos con el fin de superar el conflicto armado y sentar las bases de una paz estable y duradera. Estos diálogos, ¿En qué perjudican o benefician al gobierno norteamericano?

El gobierno –y la oligarquía– están divididos en este momento, como en Colombia. Hay algunos de ellos –en el gobierno y en las corporaciones transnacionales– que quieren la estabilidad que pueda traer un acuerdo. Y otros que no quieren ningún acuerdo. Por ejemplo, Paul Wolfowitz, un arquitecto de las guerras en Afganistán e Irak y del Plan Colombia, ha escrito que Colombia consta de un modelo para el conflicto como el de Afganistán, y que el modelo no es para ganar la guerra, sino simplemente para manejarla. En otras palabras, una guerra sin fin es aceptable, mientras no impida el acceso a las riquezas naturales para las corporaciones transnacionales. De hecho, para éstas, es preferible la guerra si a través de ellas se pueden conquistar más recursos. Incluso, tenemos organizaciones estadounidenses como el Instituto Republicano Internacional que ha financiado prensa colombiana de la derecha extrema, o sea de los políticos uribistas.

7. ¿Qué piensa de las movilizaciones sociales y políticas protagonizadas por los campesinos, indígenas, estudiantes y demás sectores sociales en Colombia?

Nos inspiran, nos dan esperanza. ¡Su lucha es nuestra lucha! ¡Estamos con ustedes!

8. La represión, la persecución y el encarcelamiento de los líderes sociales y políticos ha sido una constante en la historia colombiana, ¿Qué opinión merece esta situación?

Con un estimado de 10,000 prisioneros y prisioneras políticas en Colombia, consideramos que es una cifra fuente de vergüenza y un obstáculo para la paz del pueblo colombiano. Nosotros desde la Alianza por la Justicia Global entendemos muy bien que el sistema carcelario en Colombia es fundado y avisado por el gobierno estadounidense. Una paz con justicia social en Colombia no es posible sin una solución justa de la situación de los prisioneros y prisioneras políticas y de guerra.

Con respecto a los asaltos, asesinatos, desapariciones, persecuciones, montajes y desplazamiento, lo que he oído tantas veces de mis camaradas en Colombia, es que será necesario el acompañamiento y la consciencia internacional para ayudar a parar esta violencia, que se garantice el derecho a la verdad para así asegurar que la paz sea estable y durable. Si tenemos una repetición del genocidio como ocurrió contra la Unión Patriótica en los 80s y 90s –un genocidio nuevo contra la Marcha Patriótica–, podremos culpar en gran parte, al silencio de la comunidad internacional. Esto es lo que debemos comunicar al mundo.

James Jordan. Foto: archivo personal.

9. ¿Qué le diría a los colombianos que creen que en EEUU no existen opositores, gente de izquierda y revolucionarios?

Primero, ¡si existimos!, y por favor, no nos olviden. No todos aquí nos hemos olvidado de los héroes de Chicago, los héroes del primero de mayo; no todos aquí hemos olvidado el genocidio y la represión contra los indígenas que resistieron y que continúan resistiendo la invasión y ocupación de sus territorios y comunidades; no todos nos hemos olvidado de aquellos que resistieron y que continúan resistiendo la esclavitud y el racismo. El McCarthyismo y otras cacerías de brujas no han terminado con cada comunista, socialista, anarquista, ni izquierdista de este país. Sí, todavía estamos. No todos aquí hemos olvidado nuestros propios héroes como John Brown, Angela Davis, Goyathlay (Gerónimo, el luchador Apache), Martin Luther King, Malcolm X. Y todavía hay pueblos aquí que reconocemos a Puerto Rico como un país ocupado, no como una colonia estadounidense.

La verdad es que ya, en este siglo, millones de ciudadanos y residentes de los EE.UU. han marchado en contra de las guerras, en contra del poder de los bancos, en favor de los derechos de los inmigrantes y los trabajadores sin documentos y en favor de los derechos laborales. El movimiento “Occupy” ha reintroducido en todo el país el discurso sobre la lucha de las clases, pero en los EE.UU., lo que nos falta es consciencia política, y así, aunque podamos levantar movimientos grandes, sin consciencia política no sabremos cómo sostenerlos. Tenemos historia de una tendencia muy individualista y creo que ésta interfiere profundamente con el desarrollo de un movimiento político y colectivo de tamaño y el poder suficiente para desafiar la oligarquía estadounidense. Aquí, incluyendo nuestros movimientos populares, priorizamos la autonomía del individuo sobre la integridad de la comunidad y la disciplina del colectivo. Así nos estamos aislado, marginalizado y muchas veces dejado sin esperanza y en un malestar de alienación.

Hablo mucho sobre la solidaridad con Colombia, pero nosotros vemos la energía y la movilización del pueblo colombiano y de toda Latinoamérica como una forma de solidaridad con nosotros los ciudadanos de los EE.UU, aprendemos tanto de ustedes… Cuando viajamos a Colombia, Perú, México, donde el pueblo lucha tan valiente contra el imperialismo y el neoliberalismo, y cuando viajamos a Venezuela, Cuba y países donde han ganado tanto en establecer la democracia participativa, nos alienta, nos da la fuerza para continuar nuestra lucha aquí. Quiero decir al movimiento popular e izquierdista en Colombia que sí existimos aquí en la panza de la bestia imperial. Estamos con ustedes. En nuestros corazones revolucionarios, estamos, como dijo el Che, “...guiado por grandes sentimientos de amor. Amor a la humanidad, amor a la justicia y a la verdad.” Y expreso nuestro sentido de amor a los y las luchadores por la justicia social en Colombia. “¡Hasta la victoria siempre!”.